He perdido la cuenta de las veces que un inversor se sienta frente a mí, saca el extracto de su banco y me dice con orgullo que su fondo estrella ha rascado un 3% este año. Me miran esperando una felicitación, pero mi respuesta suele ser un jarro de agua fría. Les pregunto contra qué están midiendo ese resultado y, casi siempre, se hace el silencio. Es uno de los errores al invertir en bolsa más destructivos: creer que ganar algo de dinero significa que tu dinero está bien gestionado.
En la gestión de capital no hay premios de consolación. Necesitamos saber si la persona o entidad que maneja tus ahorros merece la comisión que te cobra religiosamente cada año. Y la única forma de descubrir la verdad, de separar a los profesionales de los que solo se dejan llevar por la inercia del ciclo económico, es utilizando un espejo implacable en el que mirarnos. A ese espejo financiero lo llamamos benchmark.
¿Por qué es necesario comparar los fondos con un índice de referencia?
Evaluar una cartera fijándote únicamente en su saldo final es hacerte trampas al solitario. A lo largo de mi carrera he visto carteras terriblemente estructuradas ganar dinero solo porque los bancos centrales inundaron el sistema de liquidez y todo subió de golpe. Eso no es talento, es suerte. Comparar tu fondo con un índice de referencia te quita la venda de los ojos. Te muestra de forma cruda y matemática si las decisiones activas de tu gestor están aportando valor real o si, por el contrario, estarías ganando mucho más dinero comprando un simple fondo indexado y sentándote a esperar.


