En términos llanos, la volatilidad mide cuánto se desvía el valor liquidativo de un fondo respecto a su media histórica. Si un fondo tiene una línea de crecimiento muy suave y constante, decimos que su volatilidad es baja. Si, por el contrario, un día sube un 4% y a la semana siguiente cae un 5%, estamos ante un activo volátil. Para mí, la volatilidad es la medida de la incertidumbre a corto plazo expresada en variaciones de precio.
Volatilidad vs. riesgo: en qué se diferencian
Este es uno de los puntos donde más se equivoca la gente. La volatilidad es una medida estadística de oscilación. El riesgo, en cambio, es la probabilidad de sufrir una pérdida permanente de capital. Un fondo de renta variable puede ser muy volátil pero, si la estrategia es sólida y el horizonte es a largo plazo, el riesgo de pérdida total puede ser bajo. El riesgo real suele venir de comprar activos mediocres a precios inflados, no de que el precio se mueva mucho durante el camino.
Volatilidad vs. rentabilidad: qué mide realmente
Muchos inversores miran solo el porcentaje de beneficios al final del año. Error. La volatilidad mide el “ruido” que has tenido que soportar para llegar a esa cifra. Dos fondos pueden darte un 8% anual, pero si uno lo hace con una volatilidad del 5% y otro con una del 20%, el primero es técnicamente mejor porque ha logrado el mismo resultado con mucho menos estrés para el partícipe.
Volatilidad del fondo vs. volatilidad del mercado
No siempre que tu fondo cae es culpa del gestor. Existe el riesgo sistemático, que afecta a todo el mercado (una pandemia, una crisis de tipos, etc.). Es fundamental comparar la volatilidad de tu fondo con su índice de referencia (benchmark) para saber si los movimientos son propios de la estrategia o si simplemente está siguiendo la marea del mercado.