En el mundo de la inversión, existe una fuerza gravitatoria inevitable: cuando un negocio empieza a ganar mucho dinero, la competencia aparece de inmediato para intentar arrebatárselo. Es la ley de la selva financiera. Sin embargo, todos conocemos empresas que, año tras año, mantienen márgenes envidiables y posiciones dominantes sin que nadie logre toserles. ¿Cuál es su secreto? No es solo “gestionar bien” o “tener un buen producto”. La respuesta está en el moat o foso económico. Es esa barrera invisible que protege los beneficios de una compañía frente a los ataques externos y que separa a las apuestas especulativas de las verdaderas máquinas de generar riqueza a largo plazo.
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