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📍 Kinépolis Madrid | 🗓️ 17 de octubre
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Durante cuarenta años, cada vez que la economía entraba en dificultades, los inversores sabían más o menos qué iba a ocurrir: los bancos centrales bajarían los tipos, comprarían deuda si era necesario y el coste del dinero terminaría descendiendo. Los gráficos que analizo hoy sugieren que ese mundo puede haber terminado.
En este vídeo explico por qué las rentabilidades de los bonos están rompiendo niveles que durante años parecían líneas rojas en Estados Unidos, Europa, Reino Unido y Japón, cuánto ha crecido ya la montaña de deuda pública y por qué las necesidades de financiación van a seguir aumentando por el envejecimiento, el rearme, la transición energética y la inteligencia artificial. Y quédate hasta el final porque veremos qué consecuencias puede tener todo esto para los bonos, la bolsa, el inmobiliario, el dólar y el oro.
La pregunta que quiero plantearte desde el principio es muy sencilla aunque su respuesta no lo sea: ¿quién va a comprar toda la deuda que el mundo necesita emitir? Porque el problema no consiste únicamente en que los gobiernos estén muy endeudados. El problema es que justo cuando los inversores empiezan a exigir una rentabilidad mayor para prestarles dinero, las necesidades futuras de financiación no dejan de crecer.
Capítulos
00:00 Introducción: El fin de cuatro décadas de dinero barato
01:02 Presentación y la gran pregunta: ¿Quién comprará la nueva deuda?
01:46 Análisis del mercado de bonos: Reino Unido, Alemania, Francia y Japón
04:19 Tipos de la Fed vs. exigencias del mercado en EE. UU.
05:58 Aviso importante sobre estafas y suplantación de identidad
06:24 La dimensión real de la deuda pública mundial
08:30 Factores estructurales del aumento del gasto público
10:35 La advertencia de PIMCO: La Inteligencia Artificial entra en el mercado de crédito
12:10 El efecto expulsión (crowding out) sobre la deuda soberana
13:12 La paradoja de la IA: Productividad vs. incremento de tipos de descuento
14:22 Evento Invertir en el mañana (Kinépolis Madrid)
14:57 Evaluación de riesgos y escenarios para la financiación de la IA
16:55 Impacto transversal: Renta fija, bolsa, inmobiliario, divisas y oro
18:56 Conclusiones finales y pregunta para la comunidad
Durante las últimas cuatro décadas hemos estado acostumbrados a un patrón recurrente: ante cualquier dificultad económica, los bancos centrales intervenían bajando tipos y comprando deuda para abaratar el coste del dinero. Sin embargo, los mercados de renta fija globales están enviando señales claras de que ese escenario ha cambiado de forma estructural. Las rentabilidades de la deuda soberana a 10 años están superando cotas técnicas históricas tanto en Estados Unidos como en Europa, Reino Unido y Japón, reflejando que los inversores exigen una prima de riesgo cada vez mayor para inmovilizar su capital a largo plazo.
Este repunte de los rendimientos no responde únicamente a los tipos oficiales de los bancos centrales, sino a la duda estructural sobre la capacidad de los gobiernos para financiar sus cuentas públicas. La montaña de deuda pública global —que roza los 40 billones de dólares en EE. UU., los 14 billones en la eurozona y supera el 250% del PIB en Japón— continúa creciendo sin freno. Además, las necesidades de capital aumentarán de forma inevitable en los próximos años por presiones estructurales como el envejecimiento poblacional, los programas de rearme y defensa, la transición energética, la relocalización de cadenas de suministro y la digitalización.
A esta saturación de emisiones soberanas se le suma ahora un actor inesperado: las grandes corporaciones tecnológicas y la infraestructura necesaria para la Inteligencia Artificial. Históricamente, las empresas tecnológicas eran negocios ligeros en capital. Hoy, la necesidad masiva de centros de datos, microchips avanzados, redes de transmisión y suministro eléctrico ha transformado a gigantes como Amazon, Alphabet, Microsoft o Meta en demandantes intensivos de crédito privado y emisiones de bonos corporativos.
Esta nueva demanda de financiación corporativa genera un claro efecto de desplazamiento (crowding out) en el mercado de renta fija. Dado que el ahorro disponible global no es infinito, las empresas tecnológicas compiten directamente con los Tesoros públicos para captar capital. Para atraer a los compradores frente a bonos corporativos con buenas calificaciones y rentabilidades atractivas, los gobiernos se ven obligados a encarecer el coste de su propia deuda ofreciendo cupones más elevados, lo que acelera el repunte de los tipos de interés reales en toda la economía.
El encarecimiento estructural del precio del dinero tiene implicaciones directas sobre la valoración de la mayoría de los activos financieros y exige una gestión de carteras muy rigurosa:
Renta fija: Las subidas de rentabilidad perjudican la valoración de los bonos en cartera con duraciones largas, pero mejoran de forma clara el cupón esperado para las nuevas entradas.
Renta variable: Aunque la productividad de la IA puede aumentar los beneficios empresariales futuros, un tipo de descuento más elevado comprime los múltiplos de las acciones con valoraciones más exigentes.
Inmobiliario e infraestructuras: Se enfrentan a una competencia directa por el capital, el suelo y la energía, obligando a los proyectos muy apalancados a demostrar una rentabilidad superior para justificar sus costes financieros.
Oro y divisas: El dólar puede verse apoyado a corto plazo por tipos más atractivos, mientras que el oro mantiene un trasfondo estructural muy favorable por la pérdida de confianza en las monedas fiduciarias y la fragilidad fiscal.
En definitiva, entramos en un entorno donde la efectividad de la inversión dependerá de no asumir que la productividad pagará automáticamente cualquier nivel de apalancamiento, exigiendo un análisis selectivo de la solvencia y la valoración de cada activo.
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