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Llevamos años pensando que una crisis energética es simplemente pagar más por el depósito o por la calefacción. Pero lo que está pasando ahora es distinto: cuando se bloquean a la vez las rutas por las que circulan el petróleo, el gas, los combustibles refinados y los fertilizantes, el encarecimiento termina llegando a los alimentos, al transporte, a la industria y, al final, a casi todo lo que consumes.
En este vídeo analizo por qué el Brent ha vuelto a superar los 100 dólares, por qué el gas europeo se dispara justo cuando Europa entra en otoño con las reservas más bajas de la última década, y qué está pasando realmente en Hormuz, en el oleoducto saudí y en Bab el Mandeb.
Te explico cómo esa presión sobre la energía se transmite al cobre, a los fertilizantes y al trigo, por qué no todas las materias primas suben por la misma razón, y qué países y empresas pueden salir ganando o perdiendo con este movimiento. También repaso los tres caminos principales para seguir o intentar exponerte a este ciclo, sin que esto sea una recomendación de compra, y los tres escenarios que pueden marcar los próximos meses.
Al final, la pregunta que de verdad importa no es si el petróleo va a 110 o a 120 dólares. Es si el mundo está entrando en un ciclo donde producir y transportar lo esencial cuesta estructuralmente más, y qué significa eso para tu poder adquisitivo aunque tu nómina no cambie.
Capítulos
Lo que empezó como una subida del petróleo se ha convertido en algo mucho más amplio. El estrecho de Ormuz apenas deja pasar una quinta parte del tráfico habitual de buques, un ataque con drones ha dejado fuera de servicio el oleoducto este-oeste de Arabia Saudí (la principal vía alternativa para esquivar Ormuz), y los hutíes avanzan sobre posiciones estratégicas cerca de Bab el-Mandeb. No se trata de un único estrecho cerrado, sino de la pérdida simultánea de flexibilidad en toda la red de transporte energético, justo cuando Europa entra en el invierno con sus reservas de gas al 67% de capacidad, los niveles más bajos desde que hay datos comparables.
Por eso el vídeo insiste en separar el precio del petróleo del problema real: el cuello de botella no está solo en extraer crudo, sino en refinarlo y transportarlo. El diésel estadounidense marca máximos históricos, el gas europeo sube incluso sin que Europa compre directamente al Golfo Pérsico, porque el mercado de GNL es global y Asia compite por los mismos cargamentos que dejó de enviar Qatar.
La cadena que conecta el gas natural con el pan es directa: el gas es materia prima para el amoníaco, el amoníaco fabrica la urea, y más del 30% de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados pasa por una región hoy expuesta a las restricciones de Ormuz. Cuando el fertilizante sube o no puede salir, el agricultor traslada el coste a la cosecha o reduce su uso y pierde rendimiento; en ambos casos, aumenta el riesgo de alimentos más caros meses después. A esto se suma el efecto de El Niño, que no garantiza una mala cosecha pero sí eleva la probabilidad de resultados extremos, y el hecho de que Rusia y Ucrania, con el 27% de las exportaciones mundiales de trigo, ven encarecida y complicada la salida de sus cargamentos por los ataques a puertos e infraestructuras del Mar Negro.
Además, esta presión inflacionaria no se reparte igual entre países: los exportadores de materias primas como Chile, Australia o Brasil mejoran sus términos de intercambio, mientras que importadores netos como Japón, Europa o Egipto pagan más por energía, alimentos y por los propios dólares necesarios para comprarlos.
Más allá del conflicto actual, hay una fuerza de fondo: la demanda de cobre para electrificación, vehículos eléctricos y centros de datos de inteligencia artificial crece mucho más rápido de lo que la oferta puede responder, ya que abrir una mina nueva puede tardar más de una década. Los cuatro grandes índices de materias primas (GSCI, DBC, CRB y Bloomberg Commodity Index) están rompiendo o atacando los máximos de la crisis de 2022, lo que sugiere que el impulso ya no depende solo del petróleo, sino de una cesta mucho más amplia de recursos.
La conclusión no es que el mundo se esté quedando sin materias primas, sino que probablemente se está quedando sin materias primas baratas. Planteo tres escenarios (favorable, intermedio y adverso) según evolucionen Ormuz, el oleoducto saudí y Bab el-Mandeb, y considero el intermedio —costes persistentemente más altos con episodios de fuerte volatilidad— el más probable hoy. Para el inversor, esto abre tres vías de posicionamiento (ETFs/ETCs diversificados, empresas productoras, o divisas de países exportadores), cada una con sus propios riesgos, sin que esto constituya una recomendación de compra.
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