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El dólar sigue siendo la moneda más importante del mundo, pero algo está empezando a cambiar.
Los grandes inversores internacionales mantienen una exposición extraordinariamente elevada a activos estadounidenses con el nivel de cobertura frente al dólar más bajo desde 2015.
Si esa cobertura aumentase aunque fuera ligeramente, podrían aparecer cientos de miles de millones de dólares en ventas en muy poco tiempo.
Y todo ello coincide con el momento en que Japón acaba de realizar una de las mayores intervenciones cambiarias de su historia, gastando 96.000 millones de dólares para sostener el yen.
La pregunta que más me interesa no es si el dólar subirá o bajará frente al yen o el euro. Es si los grandes gobiernos pueden seguir financiando sus compromisos sin que sus monedas pierdan poder adquisitivo. Porque tal vez no estemos ante una guerra en la que una divisa gana y todas las demás pierden. Tal vez estemos ante una competición para determinar cuál se deprecia más lentamente frente a los activos escasos.
Capítulos
00:00 Introducción
02:15 Por qué el dólar sigue siendo la moneda de reserva mundial
04:45 Las limitaciones del euro y el yuan como alternativas
07:10 El Dólar Index y la zona técnica clave que hay que vigilar
09:30 El riesgo oculto
12:00 Por qué cubrir el dólar se ha abaratado y qué puede desencadenar
14:20 Los bancos centrales ante posibles nuevas subidas de tipos
20:10 Invertir en el mañana, 17 de octubre
20:55 Japón: el eslabón más débil del sistema monetario actual
26:15 El peligro del carry trade y qué pasaría si el yen se aprecia
28:30 El franco suizo como moneda refugio alternativa
30:00 Tres escenarios posibles para el dólar, el euro y el yen
32:10 Qué implica todo esto para el oro, la plata, Bitcoin y la bolsa
34:40 Conclusiones
El dólar mantiene una hegemonía incontestable como principal divisa de reserva mundial (representando cerca del 57% de las reservas oficiales) y participando en casi el 90% de las transacciones globales de cambio. Sin embargo, esta posición de dominio no la exime de sufrir una depreciación progresiva frente a otras divisas. La principal amenaza para el dólar en la actualidad no radica en su reemplazo por el euro o el yuan —monedas que aún carecen de la infraestructura de liquidez, profundidad o unión fiscal del mercado estadounidense—, sino en la baja protección cambiaria que mantienen las grandes instituciones financieras internacionales.
Actualmente, los grandes inversores internacionales acumulan billones de dólares en activos financieros estadounidenses, pero registran los niveles de cobertura cambiaria más bajos en años (alrededor del 41%). Un abaratamiento en los costes para contratar seguros de divisa o una pérdida de credibilidad en la política fiscal de Estados Unidos podría desatar un movimiento masivo hacia la cobertura. Este proceso no requeriría la venta de acciones o bonos estadounidenses, sino simplemente la venta masiva de la divisa estadounidense en el mercado a plazo, lo que presionaría notablemente a la baja la cotización del dólar.
Japón se encuentra en una encrucijada económica sin precedentes tras décadas de tipos de interés nulos y expansión monetaria. La fuerte depreciación del yen ha encarecido severamente las importaciones de energía y materias primas, perjudicando el poder adquisitivo de los hogares y obligando a las autoridades a realizar intervenciones cambiarias millonarias respaldadas puntualmente por EE. UU. No obstante, si el Banco de Japón se ve forzado a endurecer su política monetaria para frenar la inflación y sostener su divisa, desencadenará un impacto colateral en el ecosistema financiero global.
El mayor peligro reside en el desmantelamiento del carry trade y en la repatriación de capitales. Históricamente, miles de inversores se han financiado en yenes baratos para comprar activos de mayor rendimiento en el extranjero. Una subida en las tasas japonesas o una apreciación brusca del yen encarece esa deuda acumulada, obligando a los inversores a liquidar sus posiciones globales de riesgo (acciones, criptomonedas o renta fija) para cancelar préstamos en yenes, lo que generaría un episodio de volatilidad y contracción de liquidez global.
Aunque los bancos centrales determinen las tasas de interés a corto plazo, el mercado de renta fija a largo plazo ha comenzado a actuar de forma independiente. Los rendimientos de los bonos a 10 y 30 años en Estados Unidos, Europa y Japón se han elevado sustancialmente debido a la persistencia de la inflación, los elevados déficits públicos y las crecientes necesidades de financiación estatal e industrial. Este incremento en las tasas de largo plazo eleva el coste de la deuda general y ajusta a la baja la valoración de los activos de mayor riesgo en los mercados de renta variable.
En este escenario, el desafío de fondo no consiste únicamente en prever cuál divisa vencerá en el mercado de divisas, sino en asumir que el conjunto de las monedas fiduciarias (dólar, euro, yen) se encuentra en una dinámica de pérdida constante de poder adquisitivo. Ante el sobreendeudamiento estatal y las políticas expansivas, se refuerza la tesis de sostener la exposición hacia activos con oferta limitada y carácter de reserva de valor —como el oro o Bitcoin— capaces de proteger el patrimonio frente a la depreciación generalizada del dinero en papel.
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