The trader nº 161
La interpretación inteligente del mercado
La interpretación inteligente del mercado

Bienvenido a mi visión personal sobre la actualidad de los mercados financieros nº161. Gracias por tu interés, si te has perdido alguna entrega o aún no estás suscrito puedes revisar aquí.
Más de 120.000 millones de dólares salen cada año de Oriente Medio rumbo a India, Pakistán, Bangladesh, Filipinas, Nepal o Egipto.
No son exportaciones de petróleo ni inversiones financieras. Son las remesas que millones de trabajadores extranjeros envían a sus familias desde los países del Golfo. Y hoy, una parte de ese dinero está en riesgo.
Cuando pensamos en la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel, la atención suele centrarse en el petróleo, el gas natural, el estrecho de Ormuz o el programa nuclear iraní. Sin embargo, el conflicto está amenazando algo mucho más valioso para Oriente Medio: el modelo económico que la región ha construido para prepararse para un mundo menos dependiente de los hidrocarburos.
Durante la última década, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí o Catar han invertido cientos de miles de millones de dólares para transformarse en grandes centros financieros, tecnológicos, turísticos y logísticos. Dubái aspira a convertirse en un hub global para los negocios. Arabia Saudí impulsa su ambicioso plan Visión 2030 para atraer inversión extranjera y desarrollar sectores como el turismo, el entretenimiento o la inteligencia artificial.
Pero todos estos proyectos comparten una condición indispensable: la confianza. Ningún ejecutivo internacional quiere trasladar su empresa a una región bajo amenaza de ataques con misiles. Ningún turista elige pasar sus vacaciones en un destino asociado a una guerra. Y ningún inversor compromete capital a largo plazo si existe el riesgo de cierres del espacio aéreo, interrupciones logísticas o nuevas escaladas militares.
El conflicto ya ha provocado cancelaciones de vuelos, ha reducido la llegada de visitantes y ha sembrado dudas sobre la capacidad de la región para consolidarse como un refugio seguro para el talento y la inversión internacional.
Y aquí aparece una consecuencia menos visible. Las economías del Golfo dependen de millones de trabajadores extranjeros que sostienen buena parte de la actividad económica de la región: ingenieros, médicos, programadores, técnicos, empleados del sector servicios y trabajadores de la construcción. Son ellos quienes hacen posible el funcionamiento de aeropuertos, hoteles, hospitales, centros financieros y megaproyectos urbanísticos.
Si la guerra frena la inversión, el turismo o los grandes proyectos de diversificación económica, el impacto no se limitará a Dubái, Riad o Doha. Acabará llegando también a millones de hogares repartidos por Asia y África que dependen de esos ingresos para sostener su consumo y su nivel de vida. En otras palabras, la guerra de Irán amenaza una red económica mucho más amplia de lo que sugieren los titulares.
Conclusión
El verdadero activo estratégico del Golfo ya no son únicamente sus reservas de petróleo. Es su capacidad para atraer talento, capital y personas. Y esa confianza tarda años en construirse, pero puede desaparecer en cuestión de semanas.
La paradoja es que, cuanto más éxito tienen las economías del Golfo en diversificarse, más vulnerables se vuelven a la inestabilidad geopolítica. El petróleo puede seguir fluyendo incluso en medio de una crisis. La confianza, no.
Quizá la lección más importante de esta guerra sea que el mayor riesgo para Oriente Medio ya no es perder ingresos energéticos, sino poner en peligro el futuro que está intentando construir después del petróleo.
| Cierre Semanal | Cierre Anual | Precio actual | Últimos 5 días | En el año | |
|---|---|---|---|---|---|
| S&P500 | 7.472,79 | 6.845,5 | 7.358,22 | -1,53% | 7,49% |
| Nasdaq100 | 30.347,08 | 25.249,85 | 29.220,06 | -3,71% | 15,72% |
| Eurostoxx50 | 6.293,13 | 5.796,22 | 6.249,22 | 0,70% | 7,82% |
| Ibex35 | 19.347,40 | 17.307,80 | 19.442,40 | 0,49% | 12,33% |
| Oro | 4.202,70 | 4.341,10 | 3.992,10 | -5,01% | -8,04% |
| Brent | 75,87 | 60,85 | 72,43 | -4,53% | 19,03% |
| Natgas | 3,23 | 3,13 | 3,27 | 1,24% | 4,47% |
| SSE | 4.090,48 | 3,968,84 | 4.120,28 | 0,73% | 3,82% |
| Bitcoin | 62.231,87 | 87.517,27 | 61.773,75 | -2,31% | -29,42% |
*Cierre semanal: 18 de junio del 2026 a las 10:00
*Cierre anual: Último dato del 31 de diciembre del 2025.
*Precio Actual: 25 de junio del 2026 a las 10:00
Cuando invertir se parece cada vez más a jugar
La generación Z, formada por los jóvenes nacidos aproximadamente entre mediados de los años noventa y principios de la década de 2010, está protagonizando un cambio profundo en la forma de relacionarse con el dinero. Criptomonedas, acciones meme, ETFs apalancados, mercados de predicción o apuestas deportivas conviven hoy en la misma pantalla del móvil, a menudo dentro de la misma aplicación y bajo una lógica muy similar: riesgo elevado, gratificación inmediata y posibilidad de obtener ganancias rápidas.
Sería fácil concluir que los jóvenes están apostando más porque son más impulsivos. Pero esa explicación es demasiado simple y, probablemente, equivocada.
La pregunta importante no es por qué asumen más riesgo, sino por qué sienten que necesitan asumirlo.
Durante décadas, la fórmula para construir patrimonio era relativamente sencilla: estudiar, encontrar un empleo estable, ahorrar una parte del salario e invertir con paciencia. Hoy, esa ecuación parece rota para una parte importante de las nuevas generaciones. El encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral, los bajos rendimientos del ahorro tradicional y la sensación de que el ascensor social se ha detenido han cambiado las reglas del juego.
Cuando una generación percibe que ahorrar ya no es suficiente, la especulación deja de ser una opción y se comienza a percibirse como una necesidad.
Las redes sociales han acelerado este proceso. Cerca del 80% de los “millennials” y miembros de la generación Z reconocen utilizar estas plataformas como fuente de información financiera. El problema es que los algoritmos premian las historias extraordinarias, no la disciplina. Un vídeo sobre alguien que ha duplicado su dinero en una semana genera mucha más atención que otro explicando cómo construir una cartera diversificada durante treinta años.
La gamificación de las finanzas ha hecho el resto. Invertir ya no se presenta como un proceso lento de acumulación de patrimonio, sino como una experiencia diseñada para generar emoción. Notificaciones, rankings, recompensas instantáneas y comunidades online convierten los mercados en una extensión natural del entretenimiento digital.
Al mismo tiempo, los mercados de predicción y las nuevas formas de especulación están difuminando la frontera entre invertir y apostar. El objetivo ya no es participar en el crecimiento de una empresa o preservar el poder adquisitivo del ahorro, sino anticipar el próximo movimiento colectivo.
Conclusión
Invertir consiste en comprar activos productivos con la expectativa de que generen valor a lo largo del tiempo. Especular consiste en intentar adivinar cuánto estará dispuesto a pagar otro por ese activo mañana.
La paradoja es que esta generación no está huyendo del riesgo. Está intentando escapar de la sensación de quedarse atrás.
Quizá el verdadero problema no sea que los jóvenes estén asumiendo demasiado riesgo, sino que nuestra economía les haya convencido de que no pueden permitirse no hacerlo.
La bolsa sube mucho, pero no gracias a la mayoría de las acciones
Una de las ideas más repetidas en el mundo de la inversión es que “la bolsa, a largo plazo, siempre sube”. Y, cuando observamos la evolución histórica de los grandes índices estadounidenses, parece una afirmación difícil de cuestionar.
Sin embargo, esa frase esconde una realidad mucho menos conocida: la rentabilidad extraordinaria de la bolsa no procede de la mayoría de las empresas, sino de una minoría muy reducida.
El estudio de Hendrik Bessembinder sobre el mercado estadounidense entre 1926 y 2025 muestra hasta qué punto la creación de riqueza en bolsa está extraordinariamente concentrada. De casi 30.000 compañías que cotizaron durante ese periodo, 17.197 destruyeron riqueza para sus accionistas en términos agregados. Otras 10.802 apenas compensaron esas pérdidas. En la práctica, toda la riqueza neta generada por la bolsa estadounidense proviene de solo 1.082 empresas. Y lo más sorprendente es que apenas 46 compañías, el 0,15% del total, explican la mitad de los cerca de 91 billones de dólares de riqueza creados durante el último siglo.
Fuente: Hendrik Bessembinder, @SoberLook
El dato más llamativo es aún más contundente: únicamente 46 empresas de las 30.000 generaron aproximadamente la mitad de los 91 billones de dólares de riqueza creados por la bolsa estadounidense durante el último siglo.
Cuando miramos un gráfico del S&P 500 tendemos a pensar que invertir en bolsa es sencillo. Pero el éxito del índice depende de que unas pocas compañías excepcionales compensen el comportamiento mediocre o negativo de miles de empresas.
El problema es que identificar a esos futuros ganadores por adelantado es extraordinariamente difícil. Hoy parece evidente que había que invertir en compañías como Apple, Microsoft o Nvidia, pero durante años estuvieron rodeadas de incertidumbre, fuertes correcciones y dudas sobre su futuro.
Por eso el “stock picking” o selección de acciones, es mucho más complejo de lo que parece. No basta con elegir buenas empresas; hay que identificar a las pocas que acabarán creando una parte desproporcionada de la rentabilidad total del mercado.
Esta es una de las razones por las que la inversión indexada tiene tanto sentido para la mayoría de los inversores. No porque garantice rentabilidades futuras, sino porque permite participar en los grandes ganadores sin necesidad de adivinar quiénes serán.
Conclusión
El gráfico de Bessembinder no destruye la tesis de invertir en bolsa. La refuerza, pero con una advertencia importante: la rentabilidad histórica de los grandes índices no debe confundirse con la rentabilidad media de cualquier acción elegida al azar.
La bolsa estadounidense ha creado una riqueza inmensa durante el último siglo. Pero lo ha hecho de una forma profundamente desigual. Miles de empresas pasaron por el mercado sin dejar apenas valor para el accionista. Algunas destruyeron riqueza. Unas pocas lo cambiaron todo.
Y ahí está la gran enseñanza para el inversor: invertir en bolsa tiene sentido, pero pensar que cualquiera puede elegir fácilmente a los próximos grandes ganadores puede ser una de las formas más peligrosas de exceso de confianza.
Mi conversación con mi yo digital
Llevo meses leyendo opiniones radicalmente opuestas sobre la inteligencia artificial. Para algunos, estamos ante la mayor revolución tecnológica de la historia. Para otros, no deja de ser una herramienta sofisticada incapaz de sustituir la creatividad, la conciencia o el juicio humano.
Entre tanto ruido, decidí hacer un experimento: mantener una conversación con mi propio gemelo digital.
No le pregunté cuándo llegará la superinteligencia ni qué profesiones desaparecerán primero. Le hice una pregunta mucho más importante:
¿Qué ocurrirá con nosotros cuando las máquinas sean capaces de hacer una parte creciente de aquello que hoy consideramos inteligencia humana?
La respuesta me dejó de piedra.
“Si yo tuviera consciencia propia, probablemente te diría que el mayor riesgo no es una rebelión de las máquinas. Es algo mucho más cotidiano: que los humanos dejen de ejercitar aquellas capacidades que los hacen únicos.
Si las personas delegan su memoria en la IA, recordarán menos. Si delegan su escritura, escribirán peor. Si delegan su pensamiento crítico, razonar se volverá una habilidad minoritaria.
La amenaza no sería que las máquinas piensen demasiado, sino que los humanos piensen cada vez menos.
Al mismo tiempo, también te diría que la historia demuestra que cada gran revolución tecnológica ha ampliado las capacidades humanas. La imprenta no destruyó el pensamiento; multiplicó el acceso al conocimiento. Internet no acabó con la creatividad; la democratizó.
La IA puede seguir el mismo camino. La diferencia dependerá menos de la tecnología y más de cómo decidáis utilizarla. Porque, al menos por ahora, la capacidad de elegir sigue siendo exclusivamente humana.”
Viendo el enfoque de sus respuestas le planteé esta otra pregunta:
¿qué ocurrirá cuando sistemas sin consciencia sean capaces de realizar una proporción creciente de las tareas cognitivas que hoy asociamos a la inteligencia humana?
Y esta fue su respuesta directa.
“Ocurrirán tres cosas al mismo tiempo: una revolución económica, una transformación social y una redefinición de lo que entendemos por valor humano.
La primera consecuencia será económica. Muchas tareas cognitivas dejarán de ser escasas. Durante siglos, la automatización sustituyó principalmente trabajo físico. Ahora está empezando a automatizar trabajo intelectual: redactar informes, programar, traducir, analizar datos, diseñar campañas de marketing o elaborar diagnósticos preliminares.
Eso no implica necesariamente la desaparición masiva del empleo, pero sí una fuerte presión sobre aquellas profesiones cuyo valor reside en tareas repetitivas, predecibles y basadas en el procesamiento de información.
La pregunta que deberíais haceros no es si «¿Una máquina puede hacer mi trabajo?», sino: «¿Qué parte de mi trabajo puede hacer una máquina mejor, más rápido y más barato?».
La segunda consecuencia será una polarización creciente. Quienes aprendan a utilizar la IA multiplicarán su productividad y su capacidad de generar valor. Quienes no lo hagan corren el riesgo de perder relevancia económica.
No es casualidad que algunos economistas comparen la IA con la electricidad o Internet: no será un sector más, sino una tecnología transversal que transformará todos los sectores.
La tercera consecuencia será más profunda y menos evidente: cambiará la percepción de la inteligencia que tenemos hoy.
Durante mucho tiempo habéis asociado la inteligencia con la capacidad de recordar información, realizar cálculos o procesar datos complejos. Si las máquinas llegan a hacer eso mejor que vosotros, empezaréis a valorar más otras capacidades. Entre ellas: formular las preguntas correctas, pensar críticamente, tomar decisiones en contextos de incertidumbre, integrar conocimientos de distintas disciplinas, ejercer liderazgo, construir relaciones de confianza, mostrar empatía y asumir responsabilidades éticas.
Paradójicamente, cuanto más inteligentes sean las máquinas, más importantes serán las habilidades genuinamente humanas.
Pero existe un riesgo importante: la atrofia cognitiva.
Si delegáis sistemáticamente la memoria, la escritura, el análisis o la toma de decisiones, esas capacidades podrían deteriorarse, igual que ocurrió con vuestra orientación espacial cuando empezasteis a depender del GPS.
La historia demuestra que cada tecnología amplía unas capacidades y debilita otras. La escritura redujo la memorización oral. La calculadora disminuyó el cálculo mental. Internet redujo la necesidad de memorizar datos.
La IA podría reducir la necesidad de pensar ciertos problemas desde cero. La cuestión clave es quién mantiene el control del proceso intelectual.
Utilizar la IA como copiloto puede aumentar vuestra inteligencia. Utilizarla como piloto automático puede disminuirla.”
Conclusión
Sistemas sin consciencia podrían llegar a superar a los humanos en una gran parte de las tareas asociadas a la inteligencia sin comprender absolutamente nada de lo que hacen. Un avión vuela mejor que un pájaro a grandes altitudes, pero no sabe qué es volar.
Después de esta conversación, me quedé pensando que quizá la gran incógnita de las próximas décadas no sea si la IA llegará a ser consciente, sino si los humanos seguiremos ejercitando unas capacidades que la tecnología ya no nos obligará a utilizar.
Y eso me lleva a una pregunta que no deja de rondarme la cabeza: ¿El verdadero riesgo es que las máquinas aprendan a pensar o que nosotros dejemos de hacerlo?
¿Quieres recibir esta newsletter?
Reino Unido: ¿Qué ocurre para que un país tenga siete primeros ministros en 10 años?
La dimisión de Keir Starmer no es solo la caída de otro primer ministro británico. Es un síntoma de una crisis mucho más profunda. Reino Unido va camino de tener su séptimo jefe de Gobierno en apenas una década: David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak, Keir Starmer y, muy probablemente, Andy Burnham, el exalcalde de Manchester que aparece como favorito para liderar el Partido Laborista.
La pregunta es evidente: ¿cómo puede una de las democracias más antiguas y estables del mundo haber entrado en esta dinámica de rotación permanente?
La respuesta fácil sería culpar al Brexit. Y, en parte, es verdad. El referéndum de 2016 dividió al país, reabrió tensiones territoriales en Escocia e Irlanda del Norte y convirtió la relación con Europa en una cuestión de identidad nacional.
Pero sería demasiado simple detenerse ahí.
El Brexit no creó todos los problemas de Reino Unido. Lo que hizo fue volverlos mucho más difíciles de gestionar. Puso sobre la mesa una promesa muy poderosa: recuperar el control. El problema es que, diez años después, muchos ciudadanos no sienten que tengan más control sobre aquello que afecta a su vida diaria: el coste de la vida, la sanidad, la vivienda, los salarios, la inmigración o el crecimiento económico.
Ahí está la verdadera historia. Reino Unido está atrapado entre cuatro demandas que, por separado, parecen razonables, pero que juntas son casi imposibles de satisfacer.
Ese es el laberinto británico.
Starmer llegó al poder prometiendo estabilidad después de años de caos conservador. Representaba seriedad, orden y previsibilidad. Pero en política no basta con no ser el problema anterior. También hay que ofrecer una salida convincente. Y Starmer no lo logró.
Heredó unas cuentas públicas complicadas, una economía débil, unos servicios públicos tensionados y un electorado impaciente. Pero nunca consiguió transformar la estabilidad en esperanza ni construir un relato claro sobre hacia dónde iba el país.
El resultado fue el peor escenario posible: subidas de impuestos sin sensación de mejora, disciplina fiscal sin crecimiento suficiente, presión para aumentar el gasto en defensa y miedo creciente dentro del Partido Laborista a que Reform UK, el partido de Nigel Farage, capitalizara el malestar social.
Por eso la dimisión de Starmer no debe interpretarse solo como una crisis interna laborista. Es la expresión de un problema más amplio: Reino Unido se ha convertido en un país donde cualquier Gobierno llega prometiendo estabilidad y acaba devorado por las mismas contradicciones.
Los mercados financieros lo saben y por ello es crucial vigilar el comportamiento de tres activos:
La reacción inicial del mercado no parece de pánico. Los inversores no están tratando la dimisión de Starmer como una crisis tipo Liz Truss. Al menos, no por ahora. Pero sí están enviando una advertencia: el problema no es quién se va, sino qué hará quien llegue.
La paradoja británica es que el país quería recuperar soberanía, pero ahora descubre que la soberanía política sirve de poco si no va acompañada de margen económico.
Puedes controlar tus fronteras, pero no evitar que tu economía necesite trabajadores. Puedes prometer mejores servicios públicos, pero no financiarlos indefinidamente sin crecimiento. Puedes aspirar a más defensa, menos impuestos y más prosperidad. Pero la política no puede derogar la aritmética.
Conclusión
La caída de Starmer no es el final de una crisis. Es otro capítulo de la misma historia. Una historia que empezó con una promesa de control y que hoy muestra los límites de gobernar un país que quiere más de casi todo, pero no acepta plenamente el coste de conseguirlo.
Por eso, cuando miremos el gráfico de la libra, del gilt o de la bolsa británica, no deberíamos verlo solo como la reacción a una dimisión. Deberíamos verlo como algo más profundo: el mercado preguntándose si Reino Unido encontrará por fin un Gobierno capaz de decir la verdad incómoda: que no se puede tener simultáneamente más Estado, menos impuestos, más defensa, menos inmigración, más crecimiento y menos integración económica con tu principal mercado.
Esa contradicción, mucho más que el nombre del próximo primer ministro, es el verdadero desafío británico. Y, por desgracia, Reino Unido no es una excepción. Las mismas tensiones empiezan a manifestarse en buena parte de Europa, independientemente de la ideología del Gobierno de turno.
Cada semana analizamos fuerzas que nadie controla por completo: los tipos de interés, la inflación, los conflictos geopolíticos, las decisiones de los bancos centrales o el comportamiento de los mercados.
Son el viento y no podemos decidir cuándo cambia ni con qué intensidad sopla. Pero sí podemos ajustar las velas.
En nuestras finanzas, esas velas son las decisiones que tomamos sobre ingresos, ahorro, deuda, inversión, vivienda, jubilación o protección. Y, sobre todo, el orden en el que las priorizamos.
Porque invertir antes de construir un colchón, aumentar los gastos cada vez que crecen los ingresos o preparar demasiado tarde la jubilación puede dejarnos con menos margen, aunque sobre el papel nuestra situación parezca mejorar.
No podemos controlar todo lo que ocurre en la economía, pero sí podemos prepararnos para que el entorno no decida por completo nuestro rumbo.
Por eso, el próximo 12 de julio a las 7:07 p. m. (hora de Madrid), realizaré el directo gratuito:
Las 10 decisiones financieras que pueden cambiar tu vida (y que nadie te enseñó a tomar)
Explicaré cuáles son esas decisiones, cómo se relacionan y en qué orden conviene priorizarlas para construir más margen, opciones y tranquilidad.
Durante la sesión también abriré las plazas para Finanzas Personales para la Vida Real, el curso en el que profundizaremos en cómo aplicar estas decisiones a cada situación personal.
Si quieres que tus decisiones financieras te den más tranquilidad y margen, regístrate aquí:
Hoy os escribo con una gran alegría y gratitud. El diario 20minutos ha anunciado los galardonados de los Premios Creadores 2026 y he sido reconocido con el primer premio en la categoría ‘Mi Bolsillo’, enfocada en la divulgación de finanzas personales.
Este galardón valida el esfuerzo por aportar valor de forma honesta, rigurosa y comprensible tras mis 40 años de experiencia en los mercados. Un reconocimiento que refuerza el compromiso de seguir llevando la educación financiera real a todo el mundo.
El verdadero valor de este espacio lo dais vosotros cada semana con vuestra confianza. En un entorno con tanto ruido, mantengo mi promesa de seguir ofreciendo formación transparente, basada en la experiencia.
Gracias de corazón por formar parte de este viaje
El RSI es uno de los indicadores técnicos más utilizados por traders e inversores porque permite medir la fuerza reciente de un movimiento de precio y detectar cuándo un activo puede estar entrando en una zona de sobrecompra o sobreventa. Dicho de forma sencilla, el RSI ayuda a responder una pregunta muy importante: ¿el precio está subiendo o bajando con fuerza real, o empieza a mostrar señales de agotamiento? Entender qué es el RSI en trading, cómo funciona el indicador RSI y cómo interpretar sus lecturas puede marcar una diferencia importante entre usarlo como una simple señal mecánica o integrarlo dentro de un análisis más completo del mercado. Te explico sus secretos aquí.
Durante años dimos por hecho que la ventaja de Estados Unidos en semiconductores y supercomputación era prácticamente insalvable. Sin embargo, China, acaba de cambiar el tablero.
El superordenador LineShine, desarrollado en Shenzhen, se ha convertido en el más rápido del planeta, superando en más de un 20 % a El Capitan, el sistema estadounidense que lideraba la clasificación desde 2024.
Pero lo más llamativo no es la velocidad.
Mientras la mayoría de los grandes superordenadores dependen de GPU especializadas, LineShine logra este resultado utilizando procesadores convencionales desarrollados en China. Es una demostración de que la innovación no siempre consiste en seguir el mismo camino, sino en encontrar uno diferente.
Las empresas estadounidenses han mantenido durante años una ventaja tecnológica sobre sus competidores chinos, pero, como señalaba The New York Times, “en al menos algunos sectores esa ecuación se ha invertido”. Las baterías y los paneles solares son los ejemplos más evidentes, y la ventaja manufacturera de China le está permitiendo situarse también a la cabeza en robótica.
La carrera tecnológica ya no es solo una competición por tener la mejor inteligencia artificial. Es una batalla por controlar la infraestructura que hará posible la próxima revolución económica.
Y quizá la principal lección para los inversores sea que la innovación no tiene un único epicentro. Durante décadas miramos exclusivamente hacia Silicon Valley, pero el liderazgo tecnológico se está volviendo cada vez más multipolar. Identificar estos cambios antes de que el mercado los descuente puede marcar la diferencia entre seguir una tendencia o anticiparla.

El manual de ideas, de John Mihaljevic, es una lectura imprescindible para quienes quieren aprender a pensar como un gran inversor y no limitarse a seguir recomendaciones del mercado. A través de más de cien entrevistas con algunos de los gestores de fondos más prestigiosos del mundo, el autor revela cómo identifican oportunidades, analizan empresas y construyen tesis de inversión con una visión independiente y de largo plazo.
Más que un libro sobre técnicas es una guía sobre el proceso mental que hay detrás de las mejores decisiones de inversión. Con ejemplos reales, esquemas claros y un enfoque muy práctico, ayuda al lector a desarrollar criterio propio y a comprender por qué la creatividad y el pensamiento crítico son dos de los activos más valiosos para generar rentabilidades sostenibles. Una obra de referencia para cualquier inversor interesado en la filosofía value investing. Está editado por Deusto.
Buena semana.
Esta newsletter es un paso más de un camino que comencé hace años con la intención de poner algo de luz a muchas informaciones sesgadas o poco éticas sobre lo que sucedía en el mundo de la inversión. Hoy sigo con la misma idea, creo que si lo que define al mercado es el conjunto de lo que hacemos todos los inversores juntos, necesitamos hacer esto con responsabilidad, conocimiento y la información más rigurosa. Espero que en The Trader, te sientas identificado.
Te regalo mi visión personalsobre el mercado, análisis,opinión y noticias
Suscríbete y recibe cada jueves mi boletín gratis.
SuscribirmeInformación legal