Aquí aparece un concepto que muy poca gente explica bien y que puede marcar la diferencia entre perder un 2% y sufrir una caída mucho mayor: la duración. Esta medida se expresa en años y permite conocer la sensibilidad de un bono o de un fondo de renta fija ante los cambios en los tipos de interés.
Como aproximación, una duración de 2 años implica que el fondo podría caer alrededor de un 2% si los tipos suben un punto porcentual. Con una duración de 15 años, la caída podría acercarse al 15%. Cuanto mayor sea la duración, mayor será la sensibilidad del fondo ante las variaciones de los tipos.
No se trata de una relación exacta, ya que también influyen los cupones, la evolución de la curva de tipos, la calidad crediticia y la composición de la cartera. Sin embargo, ofrece una referencia muy útil para entender el riesgo: cuando suben los tipos, los bonos antiguos pierden atractivo frente a los nuevos y su precio debe caer para compensar esa diferencia.
Durante el ciclo de subidas de tipos iniciado tras 2020, algunos fondos y ETF de deuda pública con vencimientos muy largos llegaron a sufrir pérdidas cercanas al 50%. Por eso, antes de contratar un fondo de renta fija, no basta con observar su rentabilidad histórica: también es fundamental revisar su duración.