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SuscribirmeEl private equity lleva décadas siendo el activo favorito de los grandes fondos institucionales, las altas fortunas y los family office. Pero desde que se democratizó el acceso para el inversor particular, las dudas y las críticas no han parado de crecer. ¿Es realmente accesible para cualquiera o seguimos recibiendo las sobras de lo que no quieren los grandes? ¿Las comisiones se comen toda la rentabilidad? ¿Tiene sentido compararlo con invertir en bolsa o en un ETF? ¿Están todos los productos de private equity al mismo nivel?
En este vídeo aclaramos y desmentimos mitos junto con Ramiro Iglesias, cofundador y CEO de Crescenta las cuestiones que hay al rededor de los fondos de Private Equity, para resolver dudas a todos los inversores. Si inviertes o estás pensando en invertir en private equity, este vídeo es obligatorio antes de tomar cualquier decisión.
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Tradicionalmente, el Private Equity ha sido un terreno reservado exclusivamente para grandes instituciones y fortunas con patrimonios superiores a los 500.000 euros. Sin embargo, mi objetivo principal es romper con este estigma y demostrar que, gracias a cambios regulatorios como la Ley Crea y Crece en España, ahora es posible abrir estas puertas al inversor minorista. Hemos logrado reducir el ticket de entrada a partir de 10.000 euros, permitiendo que cualquier inversor cualificado pueda diversificar su cartera con activos que antes eran inalcanzables.
Es un error común pensar que al democratizar el acceso solo ofrecemos los fondos de “segunda fila”. Mi compromiso es precisamente el contrario: utilizamos nuestra capacidad operativa y relacional para que el pequeño inversor acceda a las mismas gestoras de élite que utilizan los grandes fondos de pensiones o las aseguradoras globales. No se trata de repartir las sobras, sino de dar escala a una demanda que siempre existió pero que no tenía los canales adecuados para entrar en el mercado de activos alternativos.
Soy consciente de que hablar de una estructura de comisiones “2/20” (2% de gestión y 20% de éxito) puede asustar si se compara con la gestión pasiva o un ETF. No obstante, defiendo estos costes porque el Private Equity es una gestión activa y transformacional; no nos limitamos a comprar y esperar, sino que entramos en las compañías para mejorar su operativa, internacionalizarlas y profesionalizarlas. Ese trabajo humano y estratégico es lo que genera el valor diferencial y justifica una estructura de costes que premia, sobre todo, el éxito compartido con el inversor.
Lo que siempre pido al inversor es que no se fije solo en el coste, sino en la rentabilidad neta esperada. Trabajamos con una selección de gestoras que, históricamente y tras descontar todas las capas de comisiones, han entregado retornos netos de entre el 20% y el 30% anual. En este contexto, el coste de gestión se convierte en una inversión necesaria para acceder a un “alfa” o valor añadido que bate consistentemente al mercado público, incluso en entornos donde la deuda ya no es tan barata como en la década pasada.
Uno de los mayores temores que trato de mitigar es la percepción del Private Equity como una “trampa de liquidez”. Aunque es un activo ilíquido por naturaleza y diseñado para el largo plazo, hemos desarrollado soluciones como Crescenta Silver, un mercado secundario donde los inversores pueden publicar sus posiciones si necesitan recuperar su capital por una emergencia personal. No queremos que el inversor se sienta atrapado, sino que entienda que existe un ecosistema creciente de compradores interesados en adquirir participaciones de fondos de alta calidad ya en marcha.
Respecto a las valoraciones, entiendo las dudas sobre su objetividad al no cotizar diariamente. Por ello, aplicamos un proceso de due diligence extremadamente riguroso, seleccionando únicamente gestoras que utilizan auditorías independientes y criterios conservadores. Verificamos que los múltiplos de valoración sean realistas y comparables con el mercado, asegurando que la rentabilidad reportada trimestralmente no sea un espejismo contable, sino el reflejo fiel del crecimiento y la transformación real de las empresas en cartera.
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