The trader nº 155
La interpretación inteligente del mercado
La interpretación inteligente del mercado

Bienvenido a mi visión personal sobre la actualidad de los mercados financieros nº155. Gracias por tu interés, si te has perdido alguna entrega o aún no estás suscrito puedes revisar aquí.
La reunión que mantendrán esta semana Donald Trump y Xi Jinping en Pekín probablemente será una de las más importantes de los últimos años. No porque vaya a resolver los enormes problemas existentes entre ambas potencias, sino porque servirá para medir hasta qué punto todavía existe voluntad de mantener cierto equilibrio global o si, por el contrario, el mundo sigue avanzando hacia una etapa de bloques cada vez más enfrentados.
Porque esto hace tiempo que dejó de ser una simple guerra comercial.
Durante décadas, la globalización se apoyó sobre una idea muy concreta: cuanto más comercio y más interdependencia económica existiera entre países, menor sería el riesgo de conflicto. Pero esa lógica empieza a romperse. Tanto Estados Unidos como China han comenzado a asumir que la dependencia mutua ya no es una garantía de estabilidad, sino una vulnerabilidad estratégica.
Washington intenta mantener su liderazgo tecnológico, financiero y militar global. Pekín, por su parte, acelera su independencia estratégica para reducir su exposición al enorme poder económico y financiero estadounidense. Y esa rivalidad ya no afecta únicamente a los aranceles. Se extiende a la inteligencia artificial, los semiconductores, la energía, las materias primas críticas, las cadenas de suministro e incluso el sistema financiero internacional.
Estados Unidos ha endurecido las restricciones sobre tecnología avanzada y chips para frenar el avance chino. Pero al mismo tiempo empieza a preocuparse seriamente por otra dependencia mucho más incómoda: las tierras raras y minerales estratégicos que China domina a nivel mundial. Hablamos de recursos esenciales para fabricar baterías, vehículos eléctricos, satélites, equipamiento militar o centros de datos ligados a la inteligencia artificial. Precisamente por eso Washington ha impulsado el llamado “Project Vault”, un ambicioso programa destinado a reforzar sus reservas estratégicas de minerales críticos. Estados Unidos ha comprendido que depender de Pekín para recursos esenciales puede convertirse en un enorme problema si la tensión geopolítica continúa aumentando.
La inteligencia artificial añade además una dimensión todavía más importante a esta disputa. Ya no hablamos únicamente de productividad o crecimiento económico. Hablamos de soberanía tecnológica, ciberseguridad y control del poder económico global durante las próximas décadas. Tanto Washington como Pekín consideran que quien domine la IA tendrá una ventaja estratégica decisiva en el siglo XXI.
Y en medio de todo esto aparece Oriente Medio.
El rechazo por parte de Donald Trump al plan de paz planteado desde Teherán deja claro que Washington no busca únicamente una desescalada militar en la región. El mensaje también va dirigido a China. Pekín continúa comprando petróleo iraní pese a las sanciones occidentales y eso proporciona al régimen iraní una fuente de financiación esencial. Para Estados Unidos, parte de la capacidad de resistencia económica y militar de Irán depende precisamente de esa relación energética con China, en una dinámica muy similar a la que ha permitido a Rusia amortiguar buena parte del impacto de las sanciones occidentales durante los últimos años.
Además, tanto Trump como Xi llegan a esta reunión con importantes problemas internos. En Estados Unidos crecen las dudas sobre la sostenibilidad fiscal, el aumento de la deuda y el desgaste político derivado de la guerra en Oriente Medio. China, por su parte, sigue lidiando con un consumo interno débil, la crisis inmobiliaria y una enorme dependencia energética de Oriente Próximo.
Y mientras tanto, Taiwán continúa siendo probablemente el punto más peligroso de toda esta rivalidad. Pekín considera la isla una línea roja absoluta, mientras Washington mantiene su apoyo militar y estratégico. El temor es que cualquier error de cálculo pueda desencadenar una crisis mucho más seria de lo que actualmente descuentan los mercados.
Todo esto empieza a recordar cada vez más a otros momentos históricos de transición hegemónica. Cuando una potencia dominante percibe el ascenso acelerado de otra, la rivalidad deja de ser únicamente económica. Se vuelve tecnológica, política, militar e incluso ideológica.
Conclusión
Mi sensación es que estamos entrando en un mundo muy distinto al que hemos conocido durante las últimas décadas. Un mundo donde la estabilidad ya no dependerá tanto de la cooperación económica como de la capacidad de cada bloque para asegurar recursos, tecnología, energía y poder estratégico. Y eso probablemente implica más volatilidad, más fragmentación y también más incertidumbre para la economía global y los mercados.
Por eso esta reunión entre Trump y Xi es mucho más importante de lo que parece. Porque detrás de las fotografías, los discursos diplomáticos y los posibles acuerdos comerciales, lo que realmente estamos viendo es a las dos mayores potencias del planeta preparándose para competir por el liderazgo del siglo XXI en un entorno de creciente desconfianza geopolítica.
| Cierre Semanal | Cierre Anual | Precio actual | Últimos 5 días | En el año | |
|---|---|---|---|---|---|
| S&P500 | 7398,93 | 6845,5 | 7444,25 | 0,61% | 8,75% |
| Nasdaq100 | 29234,99 | 25249,85 | 29366,94 | 0,45% | 16,31% |
| Eurostoxx50 | 5911,53 | 5796,22 | 5902,29 | -0,16% | 1,83% |
| Ibex35 | 17889,4 | 17307,8 | 17758,8 | -0,73% | 2,61% |
| Oro | 4730,7 | 4341,1 | 4.705,50 | -0,53% | 8,39% |
| Brent | 101,29 | 60,85 | 106,15 | 4,80% | 74,45% |
| Natgas | 3,01 | 3,13 | 3,08 | 2,33% | -1,60% |
| SSE | 4179,95 | 3968,84 | 4177,92 | -0,05% | 5,27% |
| Bitcoin | 82145,66 | 87517,27 | 79.640,70 | -3,05% | -9,00% |
*Cierre semanal:07 de mayo del 2026 a las 10:00
*Cierre anual: Último dato del 31 de diciembre del 2025.
*Precio Actual: 14 de mayo del 2026 a las 10:00
La jubilación entra en una nueva era de riesgo
Durante décadas, los planes de pensiones se construyeron sobre una idea sencilla: ahorrar poco a poco, delegar la gestión en profesionales y asumir que la prudencia era la mejor forma de llegar con tranquilidad a la jubilación. Pero esa mentalidad está empezando a cambiar.
Cada vez más personas sienten que los modelos tradicionales ya no son suficientes para garantizar un retiro cómodo. Las bajas rentabilidades, la inflación y la incertidumbre están empujando a muchos ahorradores hacia inversiones mucho más agresivas dentro de sus propios planes de jubilación.
Australia es probablemente el ejemplo más extremo. Allí están creciendo con fuerza los llamados fondos autogestionados, donde el propio inversor toma todas las decisiones de inversión. El fenómeno refleja una idea muy clara: “es mi dinero y quiero decidir yo”.
El problema es que la libertad total también implica asumir todos los errores.
El caso de un inversor australiano recogido recientemente por Bloomberg resume perfectamente esta nueva realidad. Durante un trayecto de apenas 25 minutos vio cómo su fondo de jubilación pasaba de unos 40.000 dólares australianos a poco más de 6.000 tras desplomarse una criptomoneda en la que había invertido prácticamente todos sus ahorros para el retiro.
Puede parecer un caso extremo, pero no lo es tanto. Las inversiones en criptomonedas dentro de estos fondos autogestionados se han disparado durante los últimos años. Y detrás de todo esto existe una realidad incómoda: mucha gente siente que siguiendo el camino tradicional simplemente no llegará con suficiente dinero a la jubilación. Es decir, el exceso de riesgo no nace solo de la codicia, sino también del miedo.
En Estados Unidos el fenómeno adopta otra forma, pero la lógica es parecida. Allí está creciendo el peso de vehículos menos transparentes y con regulación más flexible dentro de los planes de pensiones, incluyendo activos privados e ilíquidos como ciertos segmentos de alto riesgo de “private equity” o crédito privado. La promesa es mejorar la rentabilidad. El problema es que muchos de estos activos funcionan bien… hasta que dejan de hacerlo.
En el fondo, tanto Australia como Estados Unidos reflejan el mismo cambio de paradigma: el riesgo se está trasladando cada vez más desde las instituciones hacia el propio ciudadano. Antes el sistema intentaba limitar ciertos riesgos dentro de los planes de jubilación. Ahora el mensaje empieza a ser muy distinto: “si quieres aspirar a una jubilación mejor, tendrás que asumir más riesgo”.
Conclusión
Estamos entrando en una etapa muy diferente a la que conocieron generaciones anteriores. El problema no es solo que algunos inversores puedan perder dinero. Eso siempre ha ocurrido en los mercados. Lo realmente importante es que cada vez más personas están convirtiendo sus ahorros para la jubilación en una apuesta mucho más incierta. Y si esta tendencia continúa, podríamos terminar descubriendo que muchos planes de pensiones dejaron poco a poco de ser herramientas de protección financiera para convertirse en vehículos de riesgo disfrazados de planificación de futuro.
La batalla por el dinero del futuro apunta hacia el dólar de nuevo
Durante años muchos pensaron que las criptomonedas terminarían debilitando el dominio del dólar. La idea parecía lógica: un sistema financiero digital, descentralizado y global debía reducir el poder de las monedas tradicionales y, especialmente, el de Estados Unidos. Pero está ocurriendo justo lo contrario.
El dólar no solo sigue dominando el comercio mundial, las reservas de dinero Fiat de los bancos centrales o los mercados financieros. Ahora también está conquistando el ecosistema cripto.
Y ahí aparece una de las claves más importantes de esta nueva batalla monetaria: las stablecoins. Son criptomonedas cuyo valor está vinculado normalmente al dólar y respaldado por activos líquidos o deuda pública estadounidense de corto plazo. El dato es revelador: cerca del 99% de las stablecoins del mundo están referenciadas al dólar.
Fuente: DefiLlama
Es decir, incluso dentro del mundo cripto, el dinero que realmente se utiliza sigue siendo dólar digital.
Esto tiene implicaciones enormes. Las stablecoins permiten realizar pagos instantáneos, baratos y operativos las 24 horas desde cualquier lugar del planeta. Para millones de personas ya representan una especie de cuenta bancaria en dólares accesible desde el móvil, especialmente en países con monedas débiles o alta inflación.
En la práctica, Estados Unidos está exportando su moneda al mundo digital.
Y además obtiene un beneficio adicional gigantesco: cuanto más crecen las stablecoins, mayor es también la demanda de deuda pública americana. Empresas como Tether acumulan enormes cantidades de bonos del Tesoro para respaldar sus monedas digitales. Lo que muchos creían que iba a debilitar el dominio monetario estadounidense está ayudando a reforzarlo.
Europa empieza a darse cuenta de que llega tarde. Christine Lagarde reconocía hace unos meses la lentitud del proyecto del euro digital, cuya llegada no se espera hasta 2029. Mientras Europa sigue atrapada entre regulación, burocracia y falta de coordinación, Estados Unidos ya ha tomado ventaja impulsando un ecosistema privado global apoyado sobre el dólar.
Y lo verdaderamente importante del trasfondo de esta historia es que no hablamos de un tema tecnológico, sino de geopolítica. Porque controlar la moneda dominante significa tener influencia financiera, capacidad de sanción, acceso privilegiado a financiación y poder internacional. Rusia lo descubrió tras la invasión de Ucrania. China lleva años intentando construir alternativas. Y Europa empieza ahora a asumir que depender monetariamente de infraestructuras ajenas puede convertirse en una enorme vulnerabilidad estratégica.
La gran paradoja es que el mundo cripto, que nació con vocación antisistema y antiestatal, está ayudando a consolidar todavía más el liderazgo financiero de Estados Unidos.
Conclusión
Mi sensación es que la batalla por el dinero del futuro ya no consiste en sustituir las monedas tradicionales, sino en controlar la infraestructura digital sobre la que circulará ese dinero. Y al menos por ahora, el dólar vuelve a partir con mucha ventaja.
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Europa quiere que tu dinero deje de estar parado
Europa ha empezado a asumir una realidad incómoda: lleva demasiado tiempo perdiendo terreno frente a Estados Unidos y China. Durante años, tras la crisis de 2008, el continente se centró en regular, controlar y blindar el sistema financiero para evitar nuevas crisis. El problema es que, mientras Europa levantaba barreras de protección, otras economías apostaban por crecer, invertir y asumir riesgos.
El resultado está a la vista: menos productividad, menos innovación y una creciente dependencia tecnológica, energética y militar.
Pero Bruselas ha llegado ahora a una conclusión especialmente importante: el problema no es que en Europa falte dinero. El problema es que gran parte de ese dinero está parado. Las familias europeas ahorran muchísimo más que las estadounidenses, pero gran parte de ese ahorro permanece inmovilizado en cuentas corrientes o depósitos con muy poca rentabilidad. Según las cifras que maneja la propia Comisión Europea, cerca de 10 billones de euros siguen prácticamente “aparcados” sin financiar empresas, innovación o crecimiento económico.
Y eso es precisamente lo que Europa quiere cambiar.
Mario Draghi lo resumió claramente en su informe: Europa necesita movilizar entre 750.000 y 800.000 millones de euros adicionales al año si quiere seguir siendo competitiva en el nuevo orden económico mundial.
Para lograrlo, Bruselas quiere actuar en dos frentes. El primero es facilitar que los bancos vuelvan a prestar más dinero reduciendo parte de la complejidad regulatoria acumulada durante años. El segundo, y probablemente el más importante, es conseguir que los ciudadanos europeos inviertan más y mantengan menos ahorro inmovilizado.
Por eso empiezan a impulsarse modelos similares a la llamada “cuenta sueca”, sistemas con ventajas fiscales diseñados para incentivar que el ahorro salga de los depósitos y entre en fondos, bolsa o vehículos de inversión ligados a la economía real.
El objetivo de fondo es evidente: que el dinero europeo empiece a financiar tecnología, inteligencia artificial, infraestructuras, defensa o transición energética, en lugar de quedarse atrapado dentro del sistema bancario tradicional.
Mientras tanto, Estados Unidos sigue jugando con ventaja. Allí existe una cultura financiera mucho más orientada a invertir en bolsa, fondos o planes vinculados al mercado. Europa, en cambio, sigue siendo mucho más conservadora y dependiente del depósito bancario.
El problema es que, en un entorno de inflación, tener dinero inmóvil durante años puede significar perder poder adquisitivo lentamente sin darse cuenta.
Pero además Europa se enfrenta a otro obstáculo enorme: su propia fragmentación política. Bruselas quiere avanzar hacia una verdadera Unión de Mercados de Capitales para que el dinero fluya con más facilidad entre países europeos. El problema es que eso implica ceder soberanía, armonizar normas y aceptar una integración financiera mucho mayor. Y ahí siguen apareciendo enormes diferencias entre países.
Conclusión
Europa ha empezado por fin a entender algo importante: proteger excesivamente el sistema también puede terminar frenando el crecimiento. El problema es que el mundo no espera. Mientras Bruselas debate regulaciones y reformas, Estados Unidos y China siguen avanzando mucho más rápido en tecnología, inteligencia artificial, energía o defensa.
Y quizá ahí esté la gran cuestión de fondo. Europa tiene ahorro, talento y capacidad económica suficiente para seguir siendo una potencia relevante. Lo que necesita ahora es conseguir que ese dinero deje de estar inmóvil y empiece realmente a trabajar para impulsar crecimiento, innovación y competitividad. Porque en el nuevo mundo que viene, no solo será importante cuánto dinero tiene una economía, sino también la velocidad con la que sea capaz de moverlo e invertirlo.
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La amenaza cuántica ya ha comenzado
Durante años, la computación cuántica fue vista como una curiosidad científica lejana, reservada a laboratorios y gigantes tecnológicos. Pero mi sensación es que acabamos de cruzar una línea importante: gobiernos, empresas y mercados empiezan a entender que el problema ya no pertenece a la ciencia ficción.
Y cuando una amenaza deja de ser teórica para convertirse en estratégica, el tiempo empieza a jugar en contra.
Hace unas semanas, Google anunció nuevos avances relacionados con el algoritmo de Shor, el sistema matemático que, en teoría, permitiría romper gran parte de la criptografía moderna. Lo importante no es que hoy exista ya un ordenador cuántico capaz de hacerlo, porque todavía no existe. Lo relevante es que los recursos necesarios para lograrlo parecen reducirse mucho más rápido de lo previsto. Y ahí aparece el verdadero problema.
Toda la economía digital actual funciona sobre una idea muy sencilla: ciertos problemas matemáticos son tan difíciles de resolver para un ordenador tradicional que vulnerar los sistemas de seguridad resulta prácticamente inviable. Sobre esa premisa se construyó Internet, las transferencias bancarias, las comunicaciones empresariales, las criptomonedas o incluso nuestra identidad digital.
Pero la computación cuántica podría cambiar completamente las reglas del juego. No hablamos simplemente de ordenadores más rápidos. Hablamos de una arquitectura computacional totalmente distinta, capaz de alterar la base tecnológica sobre la que se sostiene buena parte del sistema financiero y digital global.
Existe además un concepto especialmente inquietante en ciberseguridad: “harvest now, decrypt later”. Captura ahora, descifra después. Es decir, actores estatales o grandes organizaciones podrían estar almacenando hoy enormes cantidades de información cifrada con la idea de poder descifrarla dentro de diez o quince años cuando la tecnología cuántica sea suficientemente potente.
Y ahí es donde la amenaza deja de ser tecnológica para convertirse en geopolítica.
China ha convertido esta tecnología en prioridad nacional. Estados Unidos moviliza simultáneamente a empresas como IBM, Microsoft o Google junto a múltiples agencias federales. Europa intenta no quedarse completamente rezagada. Porque quien domine antes la computación cuántica tendrá ventajas enormes en inteligencia, defensa, criptografía, inteligencia artificial o desarrollo industrial.
Muchos inversores del mundo cripto llevan años advirtiendo del riesgo que la computación cuántica supondría para Bitcoin y otras blockchains. Y tienen parte de razón.
Pero creo que ahí se está cometiendo un error importante de escala. Porque el verdadero problema no sería Bitcoin. El verdadero problema sería todo lo demás.
La amenaza cuántica afectaría potencialmente a bancos, sistemas de pagos, protección de datos corporativos, infraestructuras críticas o comunicaciones gubernamentales.
Las finanzas modernas son, en el fondo, confianza matemática. Y la computación cuántica podría alterar precisamente esa base de confianza sobre la que funciona toda la economía digital.
Conclusión
Estamos ante una de esas transformaciones tecnológicas que parecen irrelevantes justo antes de acelerarse. Internet parecía marginal en los noventa. La inteligencia artificial parecía limitada hace apenas unos años. Y con la computación cuántica podría estar ocurriendo algo parecido.
Porque el verdadero riesgo no comenzará el día en que aparezca el ordenador cuántico definitivo. El verdadero riesgo empezará mucho antes, en el momento en que descubramos que no nos preparamos con suficiente antelación para una tecnología capaz de cambiar la infraestructura digital sobre la que funciona el mundo.
Hace unas semanas subí una entrevista con Ramiro Iglesias, CEO de Crescenta, explicando qué es el Private Equity y cómo funciona. El vídeo generó mucho debate, y los comentarios negativos fueron, curiosamente, los más interesantes.
Críticas como “al minorista solo le llegan las sobras”, “las comisiones se comen toda la rentabilidad” o “las valoraciones son inventadas” se repetían una y otra vez. Y entiendo por qué: son dudas legítimas que cualquier inversor con dos dedos de frente debería hacerse antes de meter su dinero en algo así.
Por eso, he decidido sentar de nuevo a Ramiro, pero esta vez ejerciendo yo de abogado del diablo.
Le he trasladado las seis críticas más duras que dejasteis en los comentarios. Sin filtros. Y le he pedido que responda con total honestidad, incluso si eso implicaba reconocer que alguna de ellas tiene parte de razón.
La promesa de comprar “empresas buenas a precios de ganga” ha cautivado a inversores de todo el mundo durante dos décadas. Pero el mercado hoy no es el mismo que a principios de los 2000. La proliferación del trading algorítmico, el auge de la gestión pasiva y los cambios en los tipos de interés nos obligan a plantearnos una pregunta incómoda: ¿sigue teniendo validez este sistema, la fórmula mágica de Joel Greenblatt hoy en día?
En este artículo, te ayudo a entender el motor de esta estrategia, analizar sus datos más recientes de 2025 y 2026, y determinar si un inversor particular todavía puede sacar partido de esta anomalía matemática.
Ted Turner murió hace unos días y, de alguna forma, da la sensación de que con él también se va una época en la que todavía parecía posible que una sola persona cambiara industrias enteras guiándose más por intuición y el coraje que por algoritmos. Quiero hablar de él por su manera de entender el dinero.
Empresario, visionario de medios, magnate, aventurero, activista, ecologista, filántropo y competidor nato. El fundador de CNN no solo cambió la televisión: ayudó a redefinir cómo el mundo consume noticias en tiempo real, pero, sobre todo, es ejemplo de cómo los multimillonarios pueden usar su fortuna para influir en causas globales.
Antes de Turner, las noticias tenían horarios. Él entendió antes que nadie que el mundo acabaría conectado en tiempo real. Que la información fluiría de manera continua, inmediata, permanente. Cuando lanzó CNN en 1980, pensaron que estaba loco. Su canal de noticias 24 horas perdió dinero durante años…hasta que su idea terminó cambiando el planeta. Lo hizo décadas antes de Netflix o YouTube, Turner ya había entendido que el futuro pertenecería a comunidades globales conectadas por intereses específicos.
Ted era de esa generación de empresarios estadounidenses casi irrepetible donde se mezclan capitalismo salvaje con una visión casi idealista del mundo. Mucho antes de que el cambio climático, la biodiversidad o la sostenibilidad se convirtieran en discursos corporativos, él ya hablaba de todo eso casi como una obsesión personal.
Mientras otros multimillonarios acumulaban riqueza para exhibir poder, él compraba millones de hectáreas de tierra, para protegerla y convertirla en laboratorios de conservación. Gracias a él hay bisontes en las praderas americanas, los salvó a punto de extinción para crear la mayor manada privada del planeta. Conservar tierra no significa aislarla, sino gestionarla de forma económicamente viable y ecológicamente sostenible.
Y quizá ahí esté una de las claves de su legado: entendía que construir algo importante no consistía únicamente en hacerse rico. Consistía en dejar algo valioso detrás cuando ya no estuvieras. Además de revolucionar los medios, impulsó una enorme labor filantrópica: donó 1.000 millones de dólares a la ONU, creó la United Nations Foundation y cofundó iniciativas para prevenir amenazas nucleares y apoyar proyectos humanitarios y medioambientales. Incluso llevó la educación ecológica a los niños con la serie “Captain Planet”. Fuera de los negocios, el Ted competitivo destacó como navegante de élite, ganando la America’s Cup y convirtiéndose en una figura legendaria del mundo de la vela.
Pero no solo impresiona lo que creó. Es la dimensión humana que había detrás de todo aquello. Su idea de hacer un mundo mejor era real y verdadera.
“Quiero que mi vida sea variada, interesante, emocionante, desafiante y divertida.” Cuesta pensar en alguien que haya vivido más fielmente a esa idea. Después de conseguirlo todo, (“La caja de encima de la montaña está vacía, decía, pero todos vamos a subir buscarla”) su mayor orgullo era estar rodeado de sus hijos.
Su autobiografía “Call Me Ted” merece muchísimo la pena. una vida vivida con intensidad, riesgo, contradicción y propósito, para el hombre que empezó haciendo fortuna vendiendo publicidad en vallas, ni una línea de marketing, nostalgia pura.
Buena semana.
Esta newsletter es un paso más de un camino que comencé hace años con la intención de poner algo de luz a muchas informaciones sesgadas o poco éticas sobre lo que sucedía en el mundo de la inversión. Hoy sigo con la misma idea, creo que si lo que define al mercado es el conjunto de lo que hacemos todos los inversores juntos, necesitamos hacer esto con responsabilidad, conocimiento y la información más rigurosa. Espero que en The Trader, te sientas identificado.
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