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SuscribirmeEl conflicto en Oriente Próximo está teniendo unas consecuencias profundas en la región. ¿Nos encontramos ante una posible carrera nuclear? ¿Qué está sucediendo con el precio del fuel oil? ¿Y respecto a la seguridad de los países del Golfo?
Es por ello, que puede ser que nos encontremos a una situación similar a lo que sucedió en la invasión de Kuwait en 1990, en el que el trauma del conflicto podría cambiar durante décadas la forma en la que Oriente Próximo se relaciona consigo mismo y con el resto del mundo. ¿Cuáles son los posibles cambios en la región? Todas estas cuestiones las analizo y las analizo en este vídeo.
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En mi análisis, destaco que lo que ocurre entre Israel, Estados Unidos e Irán no es solo un conflicto regional, sino una amenaza directa a la arteria energética del mundo. Me preocupa especialmente el Estrecho de Hormuz, por donde circula el 20% del petróleo y del gas natural licuado global. Si este paso se bloquea, advierto que el impacto llegará rápidamente a tu bolsillo a través del precio de la gasolina, el gasóleo y el transporte de mercancías, ya que el mercado empezará a descontar una escasez real.
Además, pongo el foco en un dato que suele pasar desapercibido: el precio del “fuel oil”, el combustible de los grandes barcos, que ya se está disparando en puertos estratégicos como Singapur o Fujairah. Creo que el verdadero riesgo para la economía real no es solo el precio del barril de crudo Brent, sino la capacidad de que los productos refinados lleguen a su destino. Si los buques detienen su actividad por falta de combustible o por el riesgo logístico, nos enfrentaremos a una crisis de suministros sin precedentes.
Calculo que mantener esta guerra puede costarle a Estados Unidos unos 1.000 millones de dólares al día si las operaciones se intensifican. Me parece fundamental subrayar que este gasto llega en el peor momento fiscal posible, con una deuda pública que supera los 34 billones de dólares y unos intereses que ya devoran más de un billón al año. Advierto que cada dólar invertido en armamento obliga a emitir más deuda, lo que tensiona el mercado de bonos y encarece el crédito para todos los ciudadanos.
Esta situación genera una paradoja política y económica que analizo detalladamente: mientras Donald Trump presiona para bajar los tipos de interés, la inflación provocada por la guerra podría obligar a los bancos centrales a hacer lo contrario. Me preocupa que el debate pase de “cuántas bajadas de tipos veremos” a “cuándo habrá que volver a subirlos”, lo que supondría un golpe durísimo para una economía global ya sobreendeudada.
Planteo cuatro escenarios posibles para este conflicto, siendo para mí el más probable una salida negociada o un “final imperfecto”. Sin embargo, advierto que el daño a la confianza ya está hecho. Observo un paralelismo con las lecciones de Irak, Libia y Afganistán: Estados Unidos sabe ganar guerras rápidas, pero no sabe construir una paz estable. Considero que los países del Golfo han perdido la fe en el “paraguas de seguridad” estadounidense, lo que podría empujarlos a buscar sus propios programas nucleares para garantizar su supervivencia.
Concluyo que Oriente Próximo no volverá a ser el mismo después de esto. Veo una región más armada, más desconfiada y más consciente de sus vulnerabilidades, especialmente en infraestructuras críticas como las plantas desalinizadoras. Te recomiendo vigilar de cerca los “canarios en la mina”, como los diferenciales de crédito y la volatilidad, porque aunque el mercado parezca tranquilo hoy, la vulnerabilidad del sistema energético global es ahora más evidente que nunca.
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