The trader nº 96
La interpretación inteligente del mercado
La interpretación inteligente del mercado
Bienvenido a mi visión personal sobre la actualidad de los mercados financieros nº96. Gracias por tu interés, si te has perdido alguna entrega o aún no estás suscrito puedes revisar aquí
En la mayoría de los países desarrollados, los gobiernos dedican mucho más tiempo, energía y creatividad a idear nuevas formas de recaudar impuestos que a reducir el gasto público. La Unión Europea y España son claros ejemplos de esta tendencia, donde el foco sigue estando en aumentar los ingresos en lugar de buscar una administración más eficiente y sostenible.
Mientras en Bruselas se debaten nuevos impuestos sobre emisiones, grandes fortunas o transacciones digitales, y en España se anuncian subidas fiscales cada vez que hay que cuadrar las cuentas, países como el Reino Unido y Estados Unidos han comenzado a plantear el problema desde el otro lado del balance: reducir el gasto.
La ministra de Hacienda británica, Rachel Reeves, anunció un plan para reducir en 10.000 el número de empleados públicos como parte de un recorte del 15% en los costes operativos del gobierno. Se trata de una estrategia que busca eficiencia sin renunciar al gasto público esencial, priorizando su destino y aplicando tecnología como la inteligencia artificial para combatir el fraude y optimizar procesos. El gobierno laborista británico, lejos de aumentar impuestos, ha optado por ajustar el gasto en bienestar social y recortar presupuestos administrativos por valor de 2.000 millones de libras de aquí a 2030. Todo esto con la intención de liberar margen fiscal sin recurrir a más presión impositiva sobre empresas o ciudadanos.
En paralelo, EE. UU. también ha adoptado una política orientada a reducir la dependencia externa y repensar el gasto. Si bien se ha hablado mucho de aranceles y estímulos a la producción local, también hay una tendencia a racionalizar el gasto público, sobre todo en sectores donde la digitalización puede mejorar la eficiencia.
El caso más extremo, pero ilustrativo, es el de Argentina bajo el nuevo gobierno de Javier Milei. En lugar de subir impuestos, ha optado por una drástica reducción del gasto público como vía para equilibrar las cuentas del Estado. La eliminación de ministerios, la reducción masiva de subsidios y la apuesta por el equilibrio fiscal han generado un debate internacional sobre hasta dónde puede llegar un ajuste sin tocar la carga impositiva. Si bien su modelo es polémico y sus efectos sociales están por verse, ha logrado poner el foco donde muchos gobiernos no quieren mirar: en el tamaño del Estado y en la necesidad urgente de gestionar mejor los recursos públicos.
En contraste con esta nueva ola del control del gasto, los países europeos siguen atrapados en la lógica de la recaudación. En España, la plantilla del sector público ha crecido de forma sostenida en los últimos años, y los esfuerzos por racionalizar estructuras administrativas son escasos. Cada nuevo reto presupuestario suele traducirse en un nuevo impuesto, una subida de los existentes o en una deuda mayor. Por no hablar de la estratagema de no deflactar los tramos del IRPF durante la crisis inflacionaria de los últimos años, que ha supuesto una subida de impuestos encubierta, ya que los ciudadanos pagan más simplemente por el efecto de la inflación sobre sus salarios nominales, sin que hayan mejorado realmente su poder adquisitivo.
Fuente: Elaboración propia con datos de Theobjective, Tradingview
La imagen superior lo deja claro: la deuda pública no ha dejado de aumentar y ya supera los 1,6 billones de euros. Y eso, incluso antes de asumir el monumental desafío de elevar el gasto en defensa para cumplir con los compromisos marcados por la Unión Europea y la OTAN.
En el gráfico inferior derecho se aprecia algo aún más inquietante: cada nuevo pico de deuda sobre PIB se sitúa sistemáticamente en niveles más altos que el anterior. La tendencia es clara y ascendente, como si cada crisis dejara un listón más elevado que la siguiente se encarga de superar. Basta con prolongar esa línea para imaginar un futuro donde España alcance ratios del 130% o incluso 140% de deuda sobre PIB.
Conclusión
Revisar el gasto público es tan importante como discutir sobre impuestos. Lo que están haciendo Reino Unido, EE. UU. y, en un plano más radical, Argentina, debería abrir el debate también en Europa y en España. La sostenibilidad fiscal no solo depende de cuánto ingresa el Estado, sino también de cuánto y cómo gasta. Sin reformas estructurales orientadas a la eficiencia, la presión fiscal no dejará de aumentar, y con ella, el descontento de una sociedad que cada vez ve más lejana, la promesa de un Estado moderno, eficaz y capaz de garantizar un verdadero incremento del bienestar colectivo.
Lo que más me preocupa cuando hablamos de España, es que, pese a esta realidad, no se percibe voluntad política de contener el gasto. Ningún plan de ajuste. Ninguna estrategia de eficiencia. Todo lo contrario: el actual Gobierno no solo es uno de los que más ministerios acumula en toda Europa, sino que ha disparado la contratación de asesores como ningún otro antes.
Mientras tanto, los fondos europeos —que deberían haber sido una palanca para transformar la economía— se han usado, en muchos casos, para tapar agujeros estructurales. No hay una política coordinada para redimensionar el sector público ni para hacerlo más eficaz. Solo parche tras, parche.
Cierre Semanal | Cierre Anual | Precio actual | Últimos 5 días | En el año | |
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S&P500 | 5672.89 | 5881.94 | 5711.11 | 0,67% | -2,90% |
Nasdaq100 | 19717.91 | 21017.27 | 19918.08 | 1,02% | -5,23% |
Eurostoxx50 | 5405.78 | 4884.62 | 5366.55 | -0,73% | 9,87% |
Ibex35 | 13229.00 | 11595.00 | 13322.30 | 0,71% | 14,90% |
Oro | 3037.50 | 2639.30 | 3046.70 | 0,30% | 15,44% |
Brent | 69.54 | 74.80 | 70.91 | 1,97% | -5,20% |
Natgas | 3.97 | 3.63 | 3.74 | -5,86% | 3,06% |
SSE | 3401.76 | 3354.29 | 3374.03 | -0,82% | 0,59% |
Bitcoin | 84061.96 | 93484.46 | 87515.21 | 4,11% | -6,39% |
*Cierre semanal: 20 de marzo del 2025 a las 10:03
*Cierre anual: Último dato del 31 de diciembre del 2024
*Cierre anual de Eurostoxx: 30 de diciembre del 2024
*Precio Actual: 27 de marzo del 2025 a las 10:03
El Día de la Liberación arancelaria de Trump
Donald Trump ha anunciado una nueva ofensiva comercial que bautiza como el “Día de la Liberación Arancelaria”, prevista para el 2 de abril. En esa fecha, pretende imponer aranceles recíprocos contra países que, según él, aplican barreras injustas al comercio con EE. UU. El objetivo es castigar a los “abusadores comerciales” y, al mismo tiempo, atraer inversión y generar ingresos.
El enfoque será más selectivo que una guerra arancelaria global: no todos los países se verán afectados, y los aranceles no se aplicarán de forma acumulativa con otros ya existentes. Sin embargo, se espera que las nuevas medidas entren en vigor de inmediato y que provoquen una escalada de tensiones con socios tradicionales, incluyendo la Unión Europea, México, Canadá, Japón y Corea del Sur.
Trump afirma que esta ofensiva podría generar “decenas de miles de millones” en ingresos, e incluso “billones” en una década, lo que permitiría financiar bajadas de impuestos que prometió durante su campaña electoral. Aunque se conocen algunas líneas generales del plan, como posibles aranceles específicos por sectores: automóviles, semiconductores, medicamentos o madera, todavía no se ha producido una comunicación definitiva en la que se detallen que aranceles se aplicarán, a quién y cuando se implementarán en cada caso.
El plan busca incentivar el “reshoring”, es decir, el regreso de industrias clave al territorio estadounidense, utilizando los aranceles como palanca para estimular la inversión interna. Según algunos asesores, el objetivo es convertir a EE. UU. en un polo más atractivo para la producción global frente a países que, a juicio de Trump, han estado “jugando sucio” durante décadas.
Sin embargo, el impacto económico real es incierto. Aunque los aranceles generan ingresos para el Estado, también pueden repercutir en mayores costes para empresas y consumidores estadounidenses. Además, las represalias de los países afectados podrían dañar sectores clave de exportación como la agricultura, el automóvil o la tecnología estadounidense.
Conclusión
En su primera presidencia, Trump utilizó aranceles como instrumento de presión con China, México y Canadá, lo que llevó a la renegociación de acuerdos como el T-MEC. En su segunda presidencia parece que Trump quiere ir un paso más allá, con un enfoque más estructural que podría redefinir la política comercial estadounidense a largo plazo. Trump lo presenta como una vía para recuperar la competitividad industrial, pero los mercados temen represalias y una nueva ronda de disrupciones en las cadenas de suministro globales. El 2 de abril podría marcar el inicio de una nueva etapa en la política comercial de EE. UU., con repercusiones imprevisibles para aliados y competidores por igual.
El papel de China puede ser clave en el proceso de paz entre Rusia y Ucrania
Mientras los misiles siguen cayendo sobre Ucrania y las conversaciones en Riad avanzan sin resultados concretos, el mar Negro se consolida como un escenario clave para entender el juego de fuerzas entre Rusia, Ucrania, Estados Unidos y, cada vez con más claridad, China. En este tablero inestable, la paz no se presenta como una meta compartida, sino como una herramienta de presión, desgaste o reposicionamiento estratégico, dependiendo del actor que la invoque.
Putin domina la escena con una estrategia clara: dilatar, fragmentar y administrar. Se sienta a negociar, pero nunca cierra acuerdos reales. Anuncia treguas mientras intensifica los bombardeos sobre ciudades ucranianas. Sugiere ceses temporales de hostilidades, sin compromisos firmes, sin papeles, sin supervisión. Cada conversación es una maniobra para ganar tiempo, debilitar al adversario y mantener la iniciativa. En el mar Negro, donde Ucrania ha logrado victorias inesperadas como el hundimiento del buque Moskva, Rusia ahora plantea una posible tregua marítima. Pero ni siquiera se ha cumplido la tregua energética anterior. El caos parece controlado, pero es deliberado.
En contraste, Estados Unidos se ve influida por las promesas electorales de Donald Trump que le obligan a conseguir logros con urgencia. Quiere resultados visibles, rápidos y funcionales. Reabrir la navegación comercial en el mar Negro no es solo un objetivo económico, sino una necesidad política de cara a su electorado. Pero la prisa, en diplomacia, suele jugar en contra. Washington aparece como un actor que necesita acuerdos, lo que lo coloca en una posición negociadora más débil. Mientras tanto, Ucrania resiste entre la necesidad de negociar y el temor a concesiones irreversibles. Zelensky no puede renunciar a la soberanía, pero tampoco puede rechazar completamente los intentos de alto el fuego sin perder el imprescindible respaldo militar y económico de EE. UU.
En medio de esta dinámica aparece China, con una postura sorprendente que va más allá del discurso habitual de “neutralidad”. Durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, Zhou Bo, ex coronel del Ejército Popular de Liberación, afirmó que China estaría dispuesta a enviar tropas de paz a Ucrania. Más allá de la declaración, lo relevante es lo que implica: Pekín se posiciona como posible garante de la posguerra, incluso desplegando fuerzas militares si se alcanza un alto el fuego. Con una larga trayectoria en misiones de paz de la ONU y siendo el segundo mayor contribuyente a estas operaciones a nivel global, China podría aparecer como un actor aceptable tanto para Moscú como para Kiev. A diferencia de la OTAN, su presencia no es vista como una amenaza directa por Rusia, y podría calmar las preocupaciones ucranianas si se configura una coalición internacional que excluya a las potencias militares occidentales tradicionales.
Detrás de este movimiento hay cálculo estratégico. Pekín quiere ganar protagonismo en la arquitectura de seguridad global y utilizar su influencia para moldear el orden internacional según sus propios intereses. Participar en la estabilización de Ucrania le daría no solo una imagen de actor responsable, sino también una palanca de poder en Europa. Y todo ello sin comprometer directamente su alianza con Rusia, que ha sido clave para la supervivencia económica del Kremlin desde el inicio de la guerra.
Conclusión:
Lo que se discute en Riad no es solo un alto el fuego, sino el reparto de influencia en el mundo que vendrá después. Putin utiliza la paz como una trinchera diplomática, Trump la persigue como botín electoral, Zelensky la teme como una posible rendición encubierta. China, por su parte, observa, calcula y espera su momento. Si se consuma su participación, el concepto mismo de “misiones de paz” podría entrar en una nueva era, con el gigante asiático como garante armado en pleno corazón de Europa.
EE. UU. Se plantea atacar barcos chinos
No se trata de un ataque militar, sino de un ataque comercial. La nueva propuesta de la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. plantea imponer aranceles millonarios por cada escala en puertos estadounidenses de barcos construidos en China. Con ello, se pretende frenar la supremacía de China en la construcción naval y la logística marítima. Y algunos analistas dicen que esta medida podría tener un impacto mucho más profundo que los aranceles impuestos por Donald Trump en 2018.
China es el líder absoluto en construcción naval, ya que produce más de la mitad de los barcos de carga del mundo por tonelaje, una cifra que contrasta con el 5% que tenía en 1999. En cambio, EE. UU. apenas fabrica el 0,01% de los barcos comerciales globales. El dominio chino otorga a Pekín un gran poder sobre el suministro, los precios y el acceso al transporte marítimo global.
Fuente: Clarksons, Bloomberg
El plan estadounidense contempla imponer entre 1 y 3,5 millones de dólares por escala en puerto a los barcos construidos en China, dependiendo de su operador y si tienen más pedidos pendientes en astilleros chinos, lo que afectaría a más del 80% de los portacontenedores que llegan a EE. UU.
De llevarse a cabo esta medida, implicaría un aumento drástico de los costes de transporte marítimo, la redirección del comercio hacia Canadá y México, una mayor congestión en los grandes puertos estadounidenses, daño directo a puertos más pequeños como Oakland o Charleston, pérdida de competitividad de productos agrícolas y manufacturados de EE. UU. y presión inflacionaria adicional para los consumidores.
Los críticos advierten que sería imposible cubrir la demanda futura con buques construidos exclusivamente en EE. UU., dada la falta de capacidad industrial y marinos formados. Pero el trasfondo de la medida está vinculado a un cambio de enfoque en Washington, que ahora ve el transporte marítimo como una cuestión de seguridad nacional. La idea de “Make Shipbuilding Great Again” resuena con la narrativa de recuperar la autosuficiencia industrial.
Conclusión
Si se aprueba la propuesta, muchos prevén una fragmentación del mercado marítimo global, con barcos construidos en China siendo evitados por temor a los aranceles en EE. UU. En sectores como los petroleros, ya se empieza a observar este comportamiento. Pero evitar astilleros chinos provocará otros problemas: los astilleros alternativos en Corea del Sur y Japón están al límite de capacidad hasta 2028.
El intento de Trump por frenar el avance marítimo de China con aranceles punitivos podría desencadenar una ola de disrupciones en el comercio global, lejos de revitalizar la industria naval estadounidense. Como advierten varios expertos: si alguien quisiera golpear el comercio mundial con un mazo, esta sería la forma de hacerlo.
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El despertar de la deuda en moneda local en mercados emergentes
Durante los últimos años, muchos inversores globales han pasado por alto la deuda de mercados emergentes en divisa local. Sin embargo, 2025 podría marcar un punto de inflexión para esta clase de activo, que muestra señales claras de revitalización.
Los fundamentos macroeconómicos de estas economías han mejorado notablemente. Muchos bancos centrales de mercados emergentes han conseguido controlar la inflación de forma más rápida y eficaz que sus homólogos en países desarrollados. Esto ha permitido una política monetaria más flexible, lo que a su vez ha favorecido el crecimiento económico, que ya supera en muchos casos al de las economías avanzadas. A pesar de los riesgos geopolíticos, como los nuevos aranceles impuestos por EE. UU., los mercados emergentes no parten en desventaja. Países como China y México destacan por su base de consumidores en expansión y su menor dependencia de factores externos.
Desde el punto de vista de valoración, las oportunidades resultan especialmente atractivas. Tras la pandemia, los tipos de interés subieron con fuerza, pero en muchos países emergentes comenzaron a bajar antes que en el mundo desarrollado. Con la inflación bajo control, las tiras actuales ofrecen un perfil de rentabilidad difícil de encontrar en otras áreas de la renta fija global. Incluso ajustando por riesgo, el binomio rentabilidad-riesgo de esta deuda sigue siendo muy competitivo.
Entre 2021 y 2024 se produjeron salidas sostenidas de capital en esta clase de activo, con una media anual de 4.700 millones de dólares. Sin embargo, marzo de 2025 ha marcado un posible punto de inflexión, con entradas netas de 630 millones. El tamaño del mercado supera ya los 5 billones de dólares, según el índice JPMorgan GBI-EM, y podría alcanzar los 20 billones si se consideran las emisiones fuera del índice. A esto se suma un soporte estructural clave: la demanda local. Fondos de pensiones, aseguradoras y bancos en mercados emergentes actúan como compradores naturales y estables de esta deuda, aportando liquidez y reduciendo la volatilidad.
Conclusión
Para el inversor global, el contexto actual plantea una oportunidad que merece tener en cuenta, sabiendo que las condiciones ideales para la revalorización de este tipo de inversión es que se mantenga el entorno de inflación estable que permita seguir con nuevas bajadas de tipos en el futuro. 2025 podría ser el año en el que los inversores inviertan en este segmento del mercado aprovechando la combinación de fundamentos sólidos, valoraciones atractivas y soporte técnico creciente. En un entorno donde la búsqueda de rentabilidad se ha vuelto cada vez más compleja, mirar hacia la deuda en moneda local de los mercados emergentes no solo representa una oportunidad, sino también una estrategia interesante de diversificación. Ahora bien, no debemos perder de vista que este tipo de inversiones conlleva un nivel de riesgo superior al de la renta fija de economías desarrolladas. Por eso, su inclusión en cartera debe hacerse con un análisis cuidadoso y una gestión activa que permita aprovechar su potencial sin descuidar la protección del capital.
Muchos inversores reaccionan ante lo que ya ha pasado: una caída del mercado, una subida de tipos, una crisis anunciada.
Pero los mercados no se mueven solo por lo evidente.
Lo realmente decisivo suele estar en lo que no se ve a simple vista. En los efectos de segundo orden. En las consecuencias que llegan más tarde, pero que cambian el rumbo por completo.
¿Qué ocurrirá si la IA reemplaza ciertas industrias antes de lo previsto?
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¿Qué consecuencias tendrá la presión regulatoria sobre las criptomonedas?
De todo esto hablaremos el 10 de mayo en Madrid, en el evento “Invertir en 2025: El futuro es ahora”, donde analizaremos el contexto que aún no se ve en titulares, pero que ya está dando forma al mercado.
Aquí puedes reservar tu plaza antes de la próxima subida de precios.
Guía completa sobre Backtesting en Trading
El backtesting es una de las herramientas más poderosas que tienen los traders para evaluar la eficacia de sus estrategias antes de invertir dinero real. Durante mis cuatro décadas de experiencia gestionando, he aprendido que la importancia de realizar un backtesting adecuado no puede ser subestimada. No solo te ayuda a identificar posibles errores en tu estrategia, sino que también te proporciona una visión clara de cómo podría haber funcionado en condiciones pasadas del mercado. En este artículo, desgloso en detalle qué es el backtesting, cómo funciona, y las mejores prácticas para llevarlo a cabo.
Muchas veces hablo de que en los mercados no es todo oro lo que brilla, y para ejemplo la empresa 23andMe, de promesa innovadora a bancarrota en menos de cuatro años. La empresa que pretendía llevar a cada casa de forma sencilla pruebas de ADN se convirtió hace unos años en uno de los nombres más reconocidos del boom de las SPACs (empresas de adquisición con propósito especial), esas empresas creadas exclusivamente para salir a bolsa y, posteriormente, fusionarse o adquirir una empresa privada, lo que las convierte en una empresa cotizada sin pasar por una (IPO), una oferta pública de adquisición. La compañía prometía revolucionar la industria de la salud con pruebas de ADN asequibles, acceso personalizado a datos genéticos y, a largo plazo, el desarrollo de medicamentos basados en esa información. Su fusión con una SPAC llevó su valoración a más de 6.000 millones de dólares. Hoy, su capitalización bursátil no llega a los 50 millones y acaba de acogerse al Capítulo 11 de la Ley de quiebras en EE. UU.
La propuesta de 23andMe parecía tener todos los ingredientes del éxito: tecnología, ciencia de datos, salud personalizada y una gran base de consumidores atraídos por el autoconocimiento genético. La empresa incluso obtuvo autorización de la FDA para proporcionar información médica a partir del ADN, lo cual incrementó su credibilidad ante el mercado.
Sin embargo, el gran problema fue su incapacidad para generar ingresos sostenibles. Nunca logró reportar beneficios netos. Su asociación con GSK, que debía traducirse en el desarrollo de nuevos medicamentos, no dio frutos. A mediados de 2023, el equipo de desarrollo de terapias fue reducido a la mitad. A esto se sumó una grave brecha de seguridad que comprometió los datos de 6,9 millones de usuarios, afectando gravemente su reputación y minando la confianza del público y de los inversores. Hace unos meses, la compañía recortó el 40% de su plantilla y canceló todos los proyectos terapéuticos.
Las lecciones que deja para los inversores son varias, el caso de 23andMe no es aislado. Forma parte de una lista cada vez más larga de empresas que salieron a bolsa mediante SPACs durante el frenesí post-pandemia, incluyendo nombres como WeWork, Virgin Orbit, Nikola y Lordstown Motors. Muchas de ellas compartían una narrativa atractiva, pero sin fundamentos operativos sólidos. Algunas ya han quebrado; otras están en vías de hacerlo, lo que deja varias enseñanzas clave para los inversores:
Para quienes buscan oportunidades en empresas emergentes, esta empresa es un recordatorio de que, más allá del relato, los fundamentos importan. Y mucho.
En un mundo saturado de información, y con un 2025 en pleno cambio de orden mundial que nos confunde en el camino, el libro Pensar con claridad: Convierte los momentos ordinarios en resultados extraordinarios, se presenta como una herramienta esencial para quien busca mejorar su pensamiento crítico y su capacidad de análisis cotidiano.
Escrito con un estilo claro y accesible, este libro no pretende ser un tratado académico, sino una recopilación de ideas prácticas, ejemplos reales y principios psicológicos que nos ayudan a evitar errores comunes de pensamiento. Desde cómo tomamos decisiones financieras hasta cómo juzgamos a los demás o interpretamos las noticias, el autor ofrece una serie de “antídotos mentales” contra los sesgos que todos tenemos.
Está editado por Planeta.
Esta newsletter es un paso más de un camino que comencé hace años con la intención de poner algo de luz a muchas informaciones sesgadas o poco éticas sobre lo que sucedía en el mundo de la inversión. Hoy sigo con la misma idea, creo que si lo que define al mercado es el conjunto de lo que hacemos todos los inversores juntos, necesitamos hacer esto con responsabilidad, conocimiento y la información más rigurosa. Espero que en The Trader, te sientas identificado.
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