The trader nº 135
La interpretación inteligente del mercado
La interpretación inteligente del mercado

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La subida de tipos del Banco de Japón (BoJ) ha pasado relativamente desapercibida para muchos inversores, pero es uno de esos movimientos que conviene no infravalorar. No tanto por el nivel del tipo (que sigue siendo bajo) sino por lo que representa: el abandono definitivo de la política monetaria ultra expansiva que ha definido a Japón durante décadas.
El BoJ ha elevado el tipo oficial hasta la zona del 0,75% y, lo más relevante, ha dejado claro que el proceso de normalización no ha terminado. Aun así, insiste en que los tipos reales siguen siendo claramente negativos. El mensaje es deliberado: subir, sí, pero sin asustar al mercado. Y, de momento, el mercado ha comprado ese discurso.
Para la economía japonesa, el impacto es ambivalente. Por un lado, sube el coste de financiación para familias y empresas, algo especialmente sensible en un país muy endeudado y con una población envejecida. Por otro, el BoJ confía en que el ciclo salarios-precios ya esté suficientemente asentado como para absorber ese endurecimiento gradual. El gran riesgo está en el frente fiscal: con una deuda pública gigantesca, cada punto adicional de tipos eleva el coste de financiación del Estado a medio y largo plazo.
Y aquí entra la renta fija. El tramo corto queda anclado por la decisión del banco central, pero el tramo medio y largo ha reaccionado con fuerza. El bono japonés a diez años ha superado el 2%, niveles no vistos en décadas. No es solo una apuesta por más subidas de tipos, es también una prima adicional por incertidumbre: inflación, emisión futura y sostenibilidad fiscal.
Lo curioso es que, pese a la subida de tipos, el yen no se ha apreciado a penas. Esto nos dice mucho. El mercado interpreta que el BoJ seguirá siendo extremadamente gradual y que Japón no está dispuesto a tensar demasiado las condiciones financieras. Mientras esa percepción se mantenga, el yen seguirá siendo una moneda “financiadora”.
Y ahí está la clave global: el “carry trade”. Durante años, el mundo se ha financiado en yenes baratos para invertir en activos con mayor rentabilidad. Cada subida del BoJ encarece ese modelo, reduce el diferencial y aumenta el riesgo. No porque hoy sea dramático, sino porque cambia la dirección del viento. Cuando el yen deje de ser estructuralmente débil y empiece a apreciarse de verdad, el deshacer de esas posiciones puede ser rápido y doloroso.
La reacción de la bolsa japonesa también encaja en este contexto: no hay problema porque la subida de tipos ya estaba descontada y porque el BoJ no ha endurecido el tono en exceso. Además, un entorno de tipos algo más altos beneficia a bancos y aseguradoras, mientras que un yen todavía débil sigue apoyando a las exportadoras. El problema llegará si el tramo largo de la curva sigue tensionándose o si el yen cambia de tendencia.
Fuera de Japón, las implicaciones son claras. Menos yen barato, significa menos liquidez global. Parte del ahorro japonés puede empezar a quedarse en casa si la rentabilidad local resulta atractiva, afectando a los mercados de bonos internacionales. Y, como siempre, cuando el “carry trade” empieza a doler, el contagio suele ir más allá de Japón: sube la volatilidad, sufren los activos de riesgo y se ajustan divisas y spreads.
Conclusión
La subida del Banco de Japón no es un shock, pero sí una señal. Japón deja de ser el ancla absoluta de tipos cero del sistema financiero global. El proceso será lento, probablemente más lento de lo que muchos esperan, pero el cambio estructural ya está en marcha. Y cuando el gran financiador barato del mundo empieza a retirarse, conviene estar preparado para un entorno mucho menos complaciente.
| Cierre Semanal | Cierre Anual | Precio actual | Últimos 5 días | En el año | |
|---|---|---|---|---|---|
| S&P500 | 6789.67 | 5881.94 | 6932.05 | 2.10% | 17.85% |
| Nasdaq100 | 25031.48 | 21017.27 | 25656.15 | 2.50% | 22.07% |
| Eurostoxx50 | 5737.14 | 4884.62 | 5749.28 | 0.21% | 17.70% |
| Ibex35 | 17169.8 | 11595.00 | 17172.9 | 0.02% | 48.11% |
| Oro | 4361.80 | 2639.30 | 4505.70 | 3.30% | 70.72% |
| Brent | 59.69 | 74.80 | 61.37 | 2.81% | -17.95% |
| Natgas | 3.36 | 3.63 | 3.21 | -4.23% | -11.46% |
| SSE | 3878.23 | 3354.29 | 3960.17 | 2.11% | 18.06% |
| Bitcoin | 88092.65 | 93484.46 | 87526.02 | -0.64% | -6.37% |
*Cierre semanal: 18 de diciembre del 2025 a las 10:00
*Cierre anual: Último dato del 31 de diciembre del 2024
*Cierre anual de Eurostoxx: 30 de diciembre del 2024
*Precio Actual: 25 de diciembre del 2025 a las 10:00
La FED recibe un balón de oxígeno
La Reserva Federal recibió esta semana una noticia que llevaba tiempo esperando. La inflación en Estados Unidos sorprendió claramente a la baja y lo hizo de forma contundente. La tasa general cayó en noviembre hasta el 2,6%, cuando el consenso esperaba que se mantuviera en el 3,0% del mes anterior. Pero el dato más relevante llegó por el lado de la inflación subyacente, que bajó al 2,7% desde el 3,0% previo, justo cuando los analistas anticipaban incluso un repunte hasta el 3,1%.
Sobre el papel, estos datos son justo lo que la Fed necesitaba. Confirman que el proceso desinflacionista sigue vivo, que no se ha estancado y que, además, avanza más rápido de lo que muchos esperaban. En condiciones normales, cifras así abrirían claramente la puerta a una política monetaria más laxa, reforzando la idea de nuevas bajadas de tipos en los próximos meses.
Sin embargo, la reacción del banco central ha sido mucho más fría de lo que podría pensarse. Y ahí entran en juego las palabras de John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York y una de las voces con más peso dentro del comité. Williams dejó claro que no ve ninguna urgencia para seguir recortando tipos. Según su visión, las bajadas ya realizadas han colocado a la política monetaria en una posición adecuada y ahora toca observar cómo evoluciona la economía.
El mensaje es claro: la Fed celebra estos datos, pero no quiere precipitarse. El objetivo sigue siendo llevar la inflación al 2%, sí, pero sin provocar un daño innecesario al mercado laboral. Y aunque el empleo empieza a mostrar signos de enfriamiento (más paro y menor creación de puestos de trabajo), desde la Fed insisten en que no hay señales de deterioro brusco.
Este contraste entre unos datos de inflación muy favorables y un discurso prudente por parte del banco central es clave. Mientras la Fed gana tiempo, gana margen de maniobra y recibe ese balón de oxígeno que necesitaba para justificar una pausa prolongada y mantener los tipos estables, el mercado ha reaccionado justo en sentido contrario. Las bolsas han celebrado el dato como si las bajadas de tipos fuesen a acelerarse, descontando un escenario mucho más laxo del que hoy sugiere el mensaje de la Reserva Federal. De nuevo, inversores y banco central parecen hablar idiomas distintos: unos anticipan recortes más profundos y rápidos, mientras la Fed insiste en observar, confirmar y no precipitarse hasta tener la certeza de que la desinflación es sostenible y no simplemente coyuntural.
Conclusión
La inflación está haciendo su parte, pero la Fed no tiene prisa. Al menos la Fed actual. Tal vez el mercado no esté mirando solo los datos, sino también el calendario. Con un cambio de presidente en la Reserva Federal previsto para mayo y con Trump presionando abiertamente por un nivel de tipos mucho más bajo, los inversores parecen anticipar que el equilibrio de fuerzas dentro del banco central podría cambiar antes de lo que hoy descuenta el discurso oficial. Por ahora, el mensaje sigue siendo de paciencia y prudencia, pero el mercado ya está empezando a jugar la partida que viene después.
El BCE entra en modo espera… sin brújula clara
El Banco Central Europeo ha dejado claro que, por ahora, no tiene prisa por mover los tipos de interés. Tras mantener la tasa de depósito en el 2% por cuarta reunión consecutiva, el mensaje que sale de Frankfurt es de cautela absoluta. No solo no hay una hoja de ruta definida, sino que tampoco existe consenso sobre cuál debería ser el siguiente movimiento cuando llegue el momento.
La inflación en la eurozona está muy cerca del objetivo del 2%, una situación que, en teoría, debería dar tranquilidad al banco central. De hecho, las propias proyecciones del BCE apuntan a que los precios se mantendrán en torno a ese nivel durante los próximos años. Para un banquero central, eso es casi el escenario ideal. Sin embargo, el entorno que rodea a la economía europea sigue cargado de incertidumbre: Las tensiones geopolíticas, el riesgo de una nueva guerra comercial, el impacto de un mayor gasto público y la evolución futura de los salarios mantienen al BCE en una posición defensiva. A esto se suma un crecimiento que ha sorprendido por su resistencia, lo que ha llevado a muchos miembros del Consejo de Gobierno a pensar, en privado, que el ciclo de bajadas de tipos probablemente ya ha terminado.
Pese a ello, nadie quiere dar por cerrada ninguna opción. Algunos responsables reconocen que, si la economía se enfría más de lo esperado y la inflación sigue moderándose, podría haber margen para nuevos recortes. Otros, en cambio, admiten que, si el crecimiento se consolida y reaparecen presiones inflacionistas, no se puede descartar un movimiento en sentido contrario. Hoy por hoy, ambos escenarios siguen sobre la mesa.
Lo relevante no es tanto la dirección potencial de los tipos, sino el cambio de tono del BCE. El banco central ha abandonado cualquier intento de guiar al mercado y se refugia en un enfoque estrictamente dependiente de los datos, reunión a reunión. La “opcionalidad total” se convierte así en la palabra clave de esta fase del ciclo monetario.
Conclusión
El BCE ha llegado a una zona cómoda: ya no necesita estimular la economía, pero tampoco ve motivos para endurecer las condiciones financieras. El problema es que esta ambigüedad deja al mercado sin referencias claras y aumenta la volatilidad cada vez que aparece un dato relevante. Mientras tanto, empresas, familias e inversores tendrán que convivir con un banco central que observa, duda y espera. Y esa espera, en un entorno tan cambiante como el actual, puede convertirse en el principal factor de incertidumbre.
ByteDance, empresa propietaria de TikTok juega en la liga de los gigantes
ByteDance, está a punto de cerrar 2025 con unos beneficios cercanos a los 50.000 millones de dólares. Una cifra que, por sí sola, la coloca en la misma liga que Meta y confirma algo que a veces se pierde de vista: estamos ante uno de los mayores gigantes tecnológicos del mundo, aunque no cotice en bolsa.
En los tres primeros trimestres del año, la compañía ya habría ganado alrededor de 40.000 millones de dólares, superando incluso sus propios objetivos internos. Un ritmo que refleja no solo el éxito de TikTok, sino la capacidad de ByteDance para monetizar su enorme base de usuarios y diversificar su modelo de negocio.
Todo esto sucede mientras TikTok sigue bajo el foco de Washington. La amenaza de prohibición en Estados Unidos por motivos de seguridad nacional obligó a la compañía a mover ficha. ByteDance está muy cerca de cerrar un acuerdo para separar el negocio estadounidense de TikTok mediante una joint venture controlada mayoritariamente por inversores norteamericanos, entre ellos Oracle. El objetivo es claro: garantizar la supervivencia de TikTok en EE. UU. reduciendo el control directo del grupo chino, aunque todavía falta el visto bueno de los reguladores.
Lo interesante es que, lejos de frenar su crecimiento, esta presión política no ha impedido que TikTok siga expandiéndose con fuerza. La plataforma está apostando de forma agresiva por el comercio electrónico y las ventas en directo, replicando un modelo que ya ha funcionado en China. Además, está cerrando alianzas con grandes tecnológicas estadounidenses y reforzando su presencia cultural y comercial en Occidente.
ByteDance aspira a alcanzar unos ingresos cercanos a los 186.000 millones de dólares en 2025, lo que la situaría apenas un escalón por debajo de Meta. Afirma contar con más de 4.000 millones de usuarios activos mensuales en el conjunto de sus aplicaciones, una cifra que da vértigo y explica por qué su capacidad de monetización sigue creciendo.
A todo esto, se suma su apuesta por la inteligencia artificial. ByteDance está invirtiendo de forma decidida en modelos de lenguaje, chatbots y soluciones de IA generativa, compitiendo directamente con otros grandes grupos chinos como Alibaba o Tencent. No es casualidad que su valoración en mercados privados se haya disparado hasta la zona de los 450.000–480.000 millones de dólares, reflejando un fuerte interés por parte de grandes inversores.
Eso sí, no todo es crecimiento ilimitado. Su negocio doméstico, especialmente Douyin, empieza a notar la debilidad del consumo y de la inversión publicitaria en China. Por eso, TikTok está asumiendo cada vez más peso como motor de crecimiento global del grupo.
Conclusión
ByteDance ha demostrado que no es solo una red social de moda, sino una máquina de generar beneficios, usuarios y nuevas líneas de negocio. El gran reto ya no es tecnológico, sino político y regulatorio. Y la gran pregunta para los próximos años no es si puede crecer, sino hasta dónde le dejarán crecer en un mundo cada vez más fragmentado.
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Trump y la geopolítica de la provocación
Estados Unidos acaba de aprobar una de las mayores ventas de armas de su historia a Taiwán, por un importe superior a los 11.000 millones de dólares. El paquete incluye sistemas de misiles, artillería avanzada, drones y munición de precisión. Más allá del volumen o del detalle técnico, lo relevante es el mensaje político que encierra esta decisión.
Para China, Taiwán no es una cuestión negociable. Es una línea roja absoluta. Pekín lo ha repetido durante años de forma clara y explícita: cualquier paso que acerque a la isla a una independencia formal obligaría a una respuesta militar. No es retórica. Es doctrina de Estado.
En este contexto, la apuesta de Washington va mucho más allá de reforzar la capacidad defensiva de la isla. Estados Unidos está elevando su nivel de implicación en un conflicto potencial que hasta ahora había gestionado desde la ambigüedad estratégica. Dotar a Taiwán de armamento avanzado no solo refuerza su defensa, también altera el equilibrio psicológico y político en la región.
La reacción china ha sido inmediata y dura, denunciando la violación del principio de “una sola China” y advirtiendo de represalias. Pero lo verdaderamente preocupante no es el cruce de declaraciones, sino la dinámica que se está generando. Cada venta de armas, cada maniobra militar y cada gesto diplomático reduce el margen de error y acerca a las partes a un escenario de confrontación directa.
Además, este ya no es un pulso exclusivamente entre Estados Unidos y China. Japón se está involucrando cada vez más de forma explícita en el asunto de Taiwán. Las visitas continuas de parlamentarios japoneses a la isla y los mensajes políticos desde Tokio refuerzan la percepción de un alineamiento regional que China interpreta como un cerco estratégico. En Pekín no se lee como diplomacia parlamentaria, sino como una señal de escalada. Y cuando Japón entra en escena, la carga histórica y militar del conflicto se multiplica.
Hasta ahora, el gran choque entre Estados Unidos y China había sido fundamentalmente económico y tecnológico: aranceles, semiconductores, cadenas de suministro. Un conflicto serio, pero contenido. Taiwán introduce una dimensión completamente distinta. Aquí no hablamos solo de comercio o poder económico, sino de soberanía, identidad nacional y prestigio geopolítico.
Este patrón de actuación se repite en otros frentes. Lo estamos viendo también en Europa con el último movimiento de Donald Trump respecto a Groenlandia. El nombramiento de un enviado especial con el objetivo explícito de allanar una futura anexión ha provocado una reacción airada tanto del Gobierno danés como de las autoridades groenlandesas.
Dinamarca ha calificado el gesto como una provocación inaceptable y un ataque verbal directo a su soberanía. Groenlandia es un territorio autónomo bajo administración danesa, y cualquier intento de apropiación choca frontalmente con el derecho internacional y con los principios que, en teoría, sustentan la relación entre aliados.
Lo relevante no es solo el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia (minerales, posición geográfica, control del Ártico) sino la forma. Trump no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder. Da igual que sea frente a China en Asia, frente a un aliado histórico en Europa, apoyando sin matices a Israel en Oriente Medio o endureciendo la presión política y económica sobre Venezuela. El patrón es siempre el mismo: confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.
Conclusión
La política exterior de Trump no reduce riesgos, los acumula. Empuja varias líneas rojas a la vez, involucra a más actores y estrecha peligrosamente el margen de error. Pero, más allá de Trump, lo que queda claro es que el mundo ha cambiado. Los equilibrios, las reglas no escritas y los valores que durante décadas sirvieron para contener los conflictos pesan cada vez menos. La geopolítica ya no se rige por consensos, sino por pulsos de poder. Y en ese nuevo escenario, la estabilidad que dábamos por sentada empieza a parecer una excepción, no la norma.
Estaré participando en el “Especial Fin de Año” organizado por Héctor Chamizo el próximo 29 de diciembre a las 18:00, en un debate junto a José Luis Cárpatos. Mi intención es aportar una visión técnica y pragmática sobre el cierre de este ejercicio y, sobre todo, analizar qué debemos esperar de los mercados en 2026.
Hablaremos de gestión de riesgos y de cómo situarnos ante el nuevo escenario macroeconómico; será una excelente oportunidad para contrastar perspectivas en directo junto a Héctor Chamizo y el resto de ponentes.
Si quieres acompañarnos en este evento online, puedes registrarte en este enlace.
Cuando uno empieza a tener algo de capacidad de ahorro en su juventud, es normal preguntarse si realmente merece la pena invertir ese dinero o si es mejor guardarlo para el futuro. A lo largo de los años, he conocido a muchos jóvenes que tenían interés en empezar a invertir, pero no sabían por dónde comenzar o temían cometer errores. Lo cierto es que empezar pronto ofrece una ventaja enorme: el tiempo. Cuanto antes entiendas cómo funciona el dinero y cómo ponerlo a trabajar para ti, mayores serán las probabilidades de construir un patrimonio sólido con el paso de los años. En este artículo te doy varias claves.
En los próximos años se producirá uno de los mayores traspasos de riqueza de la historia moderna.
Un reciente artículo de Bloomberg lo explica con claridad: la generación del baby boom está empezando a transferir a millennials y generación X no solo dinero, sino viviendas, negocios familiares, objetos de valor, antigüedades y colecciones de todo tipo acumuladas durante décadas.
La imagen que suele acompañar a esta narrativa es optimista: jóvenes herederos recibiendo grandes fortunas. La realidad es bastante más compleja.
Bloomberg subraya un punto clave: una parte muy relevante de lo que se heredará no es fácilmente convertible en dinero, ni genera rentas, ni tiene hoy el valor que tuvo en el pasado. Antigüedades, muebles, arte decorativo o propiedades en ubicaciones poco líquidas están perdiendo atractivo en un mundo donde cambian los hábitos, el consumo y la demografía.
Dicho de otra forma: se heredarán muchas cosas… pero no necesariamente activos. Y ahí empieza el verdadero reto psicológico. Durante años, esas posesiones representaron seguridad, estatus o éxito para quien las acumuló. Para quien las recibe, en cambio, pueden convertirse en una carga emocional y financiera: mantenerlas cuesta dinero, venderlas genera culpa y transformarlas exige tomar decisiones incómodas.
Nuestro cerebro tiende a confundir valor sentimental con valor económico.
Y eso es peligroso. El artículo apunta que muchos herederos se enfrentarán a un dilema silencioso: conservar objetos que ya no encajan en el mercado actual o aceptar que el mundo ha cambiado y que el patrimonio, para sobrevivir, tiene que adaptarse. Invertir, en este contexto, no consiste en añadir riesgo innecesario, consiste en convertir lo heredado en algo vivo, productivo y alineado con la realidad actual.
El mayor error de esta “Gran Transferencia” no será invertir mal.
Será no invertir en absoluto, quedarse inmóvil por miedo a equivocarse y permitir que el tiempo, la inflación y los costes hagan el trabajo de destruir valor. Porque la verdadera herencia no es un objeto ni una propiedad.
Es la capacidad de tomar decisiones racionales cuando las emociones empujan en sentido contrario.
Por otro lado, «La Gran Transferencia» no va a separar a quienes heredan mucho de quienes heredan poco… va a separar a quienes saben convertir herencias en patrimonio de quienes se quedan atrapados en objetos, recuerdos y decisiones heredadas.
Va de tener la madurez emocional para aceptar que no todo lo heredado merece conservarse, no todo lo antiguo tiene valor y no todo lo valioso es visible o tangible
La “Gran Transferencia” no va a medir quién recibe más, va a medir quién tiene la madurez emocional y el criterio para transformar lo heredado en patrimonio real.
Vivimos con prisas incluso durante un tiempo, el de estas fiestas, que nos invita a tener paz. Invertir no siempre tiene que ver con números, rentabilidades o plazos. A veces, la mejor inversión es invisible en una cuenta bancaria, pero imborrable en la memoria de los que tenemos cerca, o de las personas que nos pone la vida delante.
En estas fiestas, cuando el tiempo parece detenerse un poco, recordamos que lo verdaderamente valioso es aquello que compartimos: días juntos, conversaciones sin prisas, risas que no cotizan en ningún mercado, pero que se revalorizan con los años. Eso es capital emocional. Y también compone patrimonio.
Porque al final, el dinero es solo una herramienta. Lo importante es en qué lo transformamos: tranquilidad, tiempo de calidad, vínculos que resisten el paso de los ciclos y las crisis. Invertir en lo que de verdad importa es entender que hay activos que no se heredan en cajas, sino en recuerdos.
Que estas fiestas nos recuerden, que en las cosas pequeñas está la grandeza y que siempre la mejor rentabilidad es llegar lejos… acompañados.
Feliz Navidad.
Esta newsletter es un paso más de un camino que comencé hace años con la intención de poner algo de luz a muchas informaciones sesgadas o poco éticas sobre lo que sucedía en el mundo de la inversión. Hoy sigo con la misma idea, creo que si lo que define al mercado es el conjunto de lo que hacemos todos los inversores juntos, necesitamos hacer esto con responsabilidad, conocimiento y la información más rigurosa. Espero que en The Trader, te sientas identificado.
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