The trader nº 134
La interpretación inteligente del mercado
La interpretación inteligente del mercado

Bienvenido a mi visión personal sobre la actualidad de los mercados financieros nº134. Gracias por tu interés, si te has perdido alguna entrega o aún no estás suscrito puedes revisar aquí
En mi opinión, el capitalismo sigue siendo “el sistema económico menos malo de todos”, pero desde hace tiempo ha comenzado a generar desigualdad, fragilidad financiera y la sensación de que el juego está trucado. El motivo que subyace en esa metamorfosis es la mezcla de cinco fuerzas que poco a poco han distorsionado el modelo hasta volverlo inoperante.
La primera es la demografía. El capitalismo de posguerra funcionó gracias a muchos trabajadores, pocos jubilados y un crecimiento suficiente para sostener pensiones, sanidad y movilidad social. Hoy el mundo envejece, la población activa se estanca y las promesas hechas a los “baby boomers” son casi imposibles de cumplir. Esto alimenta un conflicto generacional: jóvenes que financian un sistema del que difícilmente se beneficiarán y que llegan tarde a vivienda y patrimonio.
La segunda fuerza es la globalización. Generó prosperidad y sacó a millones de la pobreza, pero debilitó a la clase media industrial, creando un “precariado” con empleos inestables, salarios estancados y una sensación crónica de fragilidad. El mercado no compensó estas pérdidas: lo hicieron más las cuentas de las grandes multinacionales que la vida del 20%-25% que siente que siempre le toca perder.
La tercera es la financiarización. Tras romperse el vínculo del dólar con el oro, el sistema pasó a depender de la confianza en los bancos centrales. Eso abrió décadas de dinero barato, ingeniería financiera y rescates constantes. Cada crisis se resolvía con liquidez adicional en lugar de dejar que el mercado limpiara excesos. El crédito barato se convirtió en norma, alimentando burbujas, apalancamiento y sucesivos “momentos Minsky”.
La cuarta fuerza es el riesgo moral. Si los grandes actores creen que el Estado no les dejará caer, asumen riesgos excesivos. La crisis de 2008 lo escenificó: se dejó caer a Lehman, pero hubo que rescatar al resto. El mensaje fue que siempre habrá red de seguridad. Desde entonces, las pérdidas extremas se socializan y los beneficios extremos se privatizan.
La quinta fuerza es la concentración de poder. Años de tipos bajos y regulación capturada han favorecido a gigantes que dominan sectores enteros, acumulan datos, beneficios y capacidad de influencia. Empresas zombis sobreviven gracias al crédito barato. La competencia real se reduce, las barreras de entrada aumentan y los beneficios corporativos están cerca de máximos históricos. Algunos actores privados ya rivalizan en poder con los propios Estados.
Todo esto genera un riesgo claro: que el capitalismo deje de percibirse como un sistema imperfecto, pero justo, y pase a verse como un juego amañado. Y cuando esa percepción se extiende, la democracia se erosiona: populismo, rechazo a la inmigración y polarización son síntomas de esa fractura entre mercado, Estado y ciudadanía.
La historia muestra momentos en los que el capitalismo se “reseteó”, como tras la Gran Depresión o la crisis de los 70. Hoy podría tocar un nuevo reseteo, coincidiendo con la revolución de la inteligencia artificial. Si la IA cumple sus promesas de productividad, muchos trabajos desaparecerán o cambiarán radicalmente, no solo fabriles, también administrativos, profesionales y de servicios. Y para hacer frente a esa potencial situación surge la propuesta más polémica: una Renta Básica Universal. ¿Puede sostenerse un sistema capitalista y democrático si el 50%-70% no tiene empleo estable? Para unos, la renta básica es una compensación necesaria. Para otros, un mecanismo que rompe el vínculo entre trabajo, utilidad y autoestima.
Conclusión
El problema no es que el capitalismo esté muriendo, sino que lleva demasiado tiempo sin actualizarse. Cuando un sistema deja de ofrecer expectativas creíbles a la mayoría, pierde legitimidad política antes que eficiencia económica. La próxima gran decisión no será ideológica, sino práctica: o se reparte mejor la renta que generen el capital y la IA, o el propio sistema acabará empujando hacia soluciones cada vez menos democráticas. La buena noticia es que el capitalismo ya se ha adaptado antes. La mala es que los grandes cambios suelen llegar tras crisis profundas.
| Cierre Semanal | Cierre Anual | Precio actual | Últimos 5 días | En el año | |
|---|---|---|---|---|---|
| S&P500 | 6827.41 | 5881.63 | 6721.43 | -1.55% | 14.28% |
| Nasdaq100 | 25196.73 | 21017.27 | 24627.61 | -2.18% | 17.30% |
| Eurostoxx50 | 5720.71 | 4917.88 | 5690.62 | -0.53% | 15.71% |
| Ibex35 | 16854.40 | 11595 | 16979.20 | 0.74% | 46.44% |
| Oro | 4328.30 | 2641 | 4359.50 | 0.72% | 65.07% |
| Brent | 60.57 | 74.64 | 59.65 | -1.52% | -20.88% |
| Natgas | 3.4 | 3.10 | 3.36 | -1,18% | 8.39% |
| SSE | 3889.35 | 3351.76 | 3876.37 | -0,33% | 15.65% |
| Bitcoin | 88230.77 | 93507.86 | 86980.7 | -1.42% | -6.98% |
*Cierre semanal: 11 de diciembre del 2025 a las 10:00
*Cierre anual: Último dato del 31 de diciembre del 2024
*Cierre anual de Eurostoxx: 30 de diciembre del 2024
*Precio Actual: 18 de diciembre del 2025 a las 10:00
Cuando el déficit sustituye al crecimiento
En los últimos meses hemos visto un repunte notable de la productividad en Estados Unidos. Es cierto, pero conviene matizarlo. Buena parte de ese salto es un rebote tras la desorganización postpandemia y ajustes de plantilla que elevan la productividad por trabajador sin que la economía produzca mucho más. Y aunque la IA promete un salto histórico, su impacto aún no aparece en la productividad agregada. Hoy vemos inversión masiva, no eficiencia generalizada.
Según la ecuación de beneficios de Kalecki-Levy, una parte sustancial del crecimiento de los beneficios empresariales no proviene del ciclo económico, sino del déficit público. Cuando el Estado gasta más de lo que ingresa, ese dinero llega a los hogares, se transforma en consumo y termina sosteniendo ventas y beneficios. La expansión fiscal ha sustituido al crecimiento orgánico como motor de los resultados.
Esto convive con una paradoja. Aunque la inversión en IA está explotando, está concentrada en un puñado de gigantes tecnológicos. Fuera de ese núcleo, la inversión productiva sigue débil y las recompras de acciones absorben buena parte de los beneficios empresariales. Desde fuera, la economía parece fuerte: beneficios elevados, valoraciones récord y productividad al alza. Pero por dentro domina otra realidad: el crecimiento potencial no acelera y los beneficios dependen del déficit, no de mejoras estructurales.
Fuente: FRED
Este equilibrio no puede sostenerse eternamente. Los déficits no pueden crecer sin límite, los hogares no pueden absorber deuda de forma indefinida y las valoraciones no pueden separarse indefinidamente de la capacidad real de generar valor. El día que el déficit se modere, el mercado tendrá que preguntarse cuánto de los beneficios actuales viene de productividad real… y cuánto del Tesoro.
No hablamos de catastrofismo, sino de entender el modelo. La financialización ha convertido al déficit en el gran impulsor de los beneficios corporativos, mientras la inversión productiva fuera del sector tecnológico sigue rezagada. El mercado depende hoy más del estímulo fiscal que del crecimiento orgánico.
Conclusión
La pregunta para los próximos años es clara: ¿puede una economía sostener valoraciones históricas sin un aumento equivalente en su productividad estructural? Si la respuesta es no, buena parte de la euforia actual descansa sobre cimientos más financieros que económicos.
Estoy seguro de que la revolución de la IA llegará a ser el motor real de la economía, pero aún no está aquí. De momento, el verdadero motor sigue siendo el déficit público.
China rompe récords de exportación… en medio de fuertes tensiones comerciales
China acaba de superar por primera vez un superávit comercial anual de más de un billón de dólares. Es un hito económico, pero sobre todo una señal de que el mundo entra en una fase mucho más tensa en lo comercial, lo industrial y lo geopolítico. Mientras sus exportaciones a Estados Unidos se hunden (un 29% menos interanual en noviembre), Pekín ha desviado su producción hacia Europa, África y Asia con una rapidez que está alterando el equilibrio global.
Este impulso no se explica únicamente por competitividad: también influye un yuan que, ajustado por inflación, está en su nivel más débil en más de una década. El FMI ya ha señalado que esta depreciación real está amplificando los desequilibrios y reforzando la posición exportadora china. En otras palabras: China vende más porque vende muy barato, y porque su aparato industrial puede escalar a velocidades que Occidente ya no puede igualar.
Fuente: Bloomberg
Europa lo siente especialmente en un sector emblemático: la automoción. La avalancha de vehículos eléctricos chinos está generando un déficit estructural que amenaza a la industria europea. Es un choque frontal entre la mayor potencia manufacturera del mundo y un continente que intenta defender su base industrial con herramientas que llegan tarde.
El movimiento de fondo no se limita a Europa. Incluso aliados tradicionales de China en materia comercial empiezan a virar. México ha introducido nuevos aranceles sobre productos asiáticos para proteger su industria local y evitar convertirse en una vía indirecta de entrada al mercado estadounidense. Es un gesto que muestra cómo la presión de Washington y el rediseño de las cadenas de suministro están reconfigurando el mapa comercial norteamericano.
Pekín, lejos de moderarse, acelera. Está preparando hasta 70.000 millones de dólares en incentivos para reforzar su industria de chips, una apuesta estratégica en su disputa tecnológica con Estados Unidos. El mensaje es claro: China no piensa renunciar a liderar la próxima fase industrial, ni en vehículos eléctricos, ni en baterías, ni en semiconductores.
Con un superávit récord, un yuan débil, un aparato industrial respaldado por el Estado y una capacidad extraordinaria para recolocar exportaciones, China no solo resiste la presión estadounidense: está moldeando el nuevo orden económico. La pregunta ya no es si la globalización se fragmenta, sino a qué velocidad va a ocurrir.
Conclusión
Lo relevante no es solo que China exporte más, sino que lo haga en un mundo cada vez menos dispuesto a absorberlo sin fricciones. Mi impresión es que entramos en una fase donde la eficiencia deja paso a la geopolítica. El comercio ya no se decide solo por precios y costes, sino por bloques, seguridad y poder. Y ese cambio tendrá consecuencias profundas para Europa y para el crecimiento global.
Alemania necesita un nuevo modelo económico… y de forma urgente
Alemania ha vivido durante décadas de un modelo que parecía inamovible: energía barata, industria exportadora fuerte, una automoción hegemónica y una disciplina fiscal que se vendía como ejemplo para toda Europa. Aquella combinación ya no existe. Y lo más inquietante es que Alemania debe reinventarse justo cuando su entorno político, económico y geopolítico hace que cualquier error sea más costoso que nunca.
El repunte reciente de la producción industrial es una buena noticia, pero no cambia el diagnóstico: el viejo modelo está agotado. La industria química trabaja al 70% de su capacidad, la manufactura pierde peso y la ventaja competitiva de Alemania se erosiona. El país necesita un giro profundo hacia tecnologías limpias, digitalización y autonomía energética, pero ese giro requiere un consenso político que hoy no existe.
Fuente: Destatis, IFO
Y mientras Alemania discute consigo misma, dos amenazas externas presionan sin descanso.
La primera es China. Durante años fue un socio estratégico y un mercado clave para los fabricantes alemanes. Hoy se ha convertido en su principal rival sistémico. China exporta coches eléctricos a un ritmo que trastoca todo el equilibrio europeo, ofreciendo precios y volúmenes que la industria alemana no puede igualar sin una transformación acelerada. Los gigantes del automóvil alemán, que durante décadas marcaron el estándar global, se enfrentan ahora a un competidor que domina la cadena tecnológica y que cuenta con un respaldo estatal masivo. Para Alemania, es un choque frontal con su industria más emblemática.
La segunda amenaza es la guerra en Ucrania. Berlín ha tenido que abandonar, casi de un día para otro, la comodidad estratégica que sostuvo durante décadas. Requiere miles de millones en defensa, en munición, en apoyo logístico y en un rearme que choca directamente con su tradicional aversión al gasto militar. Alemania tiene que reindustrializarse y rearmarse al mismo tiempo. Y eso es algo que no había tenido que hacer desde la posguerra.
A todo ello se suma un problema silencioso, pero clave: la pérdida de rigor fiscal. Las reglas que durante años definieron el ADN económico alemán se han ido flexibilizando una y otra vez, primero para capear crisis, luego para responder a la pandemia, después para amortiguar la crisis energética. La “Schuldenbremse”, el freno de deuda ha dejado de ser un pilar y ahora es un obstáculo para un Gobierno que necesita gastar, pero que ya no sabe justificar ante sus ciudadanos por qué todo lo que antes era imposible hoy se vuelve urgente.
Alemania debe cambiar de modelo económico en el peor momento posible: con una industria que pierde competitividad, un Gobierno incapaz de alinearse y una guerra que exige cada vez más recursos en un contexto en el que el socio estadounidense, que durante décadas financió buena parte de la seguridad europea, ha decidido que su compromiso tiene límites.
Conclusión
Alemania se enfrenta a un dilema histórico: cambiar rápido o perder centralidad. El problema no es solo económico, es estratégico. Sin un nuevo modelo industrial y energético, Alemania dejará de ser el ancla de Europa. Y si Alemania se debilita, el proyecto europeo entra en una fase mucho más incierta.
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Oracle: el nuevo termómetro de una posible burbuja de IA
Larry Ellison, cofundador de Oracle, uno de los veteranos más influyentes y polémicos de Silicon Valley, lleva casi cinco décadas dejando su huella en la industria tecnológica. A sus 81 años, lejos de retirarse, ha decidido protagonizar el mayor salto estratégico de su carrera: convertir a Oracle en un pilar central de la revolución de la inteligencia artificial.
Lo que empezó con un mensaje en LinkedIn terminó convirtiéndose en el mayor contrato de computación en la nube jamás firmado: OpenAI se compromete a gastar 300.000 millones de dólares en servidores de Oracle. El proyecto, bautizado como Stargate, exige construir algunos de los centros de datos más grandes del mundo y situó a Ellison en el epicentro del boom de la IA.
La reacción inicial fue eufórica. Oracle sumó 250.000 millones de dólares en capitalización, Ellison llegó a encabezar la lista de multimillonarios y el mercado asumió que, en IA, ningún riesgo era demasiado grande. Pero esa narrativa ha empezado a agrietarse. La construcción de los megacentros está disparando costes, alargando plazos y llevando el flujo de caja de Oracle a niveles negativos no vistos desde los años 90. El suministro eléctrico se ha convertido en un cuello de botella y la empresa depende en exceso de un único cliente: OpenAI, que pierde miles de millones al año y cuyos ingresos aún no justifican semejante infraestructura. Microsoft —socio histórico de OpenAI— rechazó un acuerdo similar al considerar que dedicar centros multigigavatio a un solo cliente era una apuesta demasiado arriesgada. Oracle, en cambio, la asumió sin dudar.
Las señales de alerta ya están en los mercados: sus “credit default swaps”, seguros contra impagos de deuda, se han disparado y sus acciones han corregido casi un 50% en pocos meses. Oracle ha pasado de símbolo del entusiasmo por la IA a termómetro del miedo creciente a un posible exceso.
Fuente: Bloomberg, Tradingview
La compañía se ha convertido así en el barómetro del momento. Su apuesta puede ser histórica si la IA cumple las expectativas transformadoras que promete. Pero si la adopción avanza más lenta de lo previsto, podría quedar atrapada con infraestructuras gigantescas, carísimas y difíciles de rentabilizar.
El tiempo dirá si, tal y como Ellison piensa, “la IA es el mejor negocio en la historia de la humanidad”, o si estamos ante el preludio del pinchazo de la mayor burbuja tecnológica de nuestra era.
Conclusión
Creo firmemente en la IA como revolución, pero también sé que los mercados suelen adelantarse demasiado a la economía real. Oracle no es el problema; es el síntoma. El reto ahora es separar innovación de euforia y crecimiento futuro de flujos de caja presentes. Porque la IA cambiará el mundo, sí, pero no todos los que apuesten fuerte llegarán vivos al final del camino.
Invertir en renta fija o variable puede parecer una elección sencilla, pero detrás hay múltiples factores que determinan cuál se adapta mejor a cada perfil. Entender las diferencias entre acciones y bonos no solo ayuda a construir una cartera más sólida, sino también a evitar errores comunes que he visto repetirse a lo largo de los años. En este artículo abordo de forma práctica cómo tomar esta decisión desde una perspectiva realista, sin recetas mágicas, pero con una comprensión profunda de lo que implica estar posicionado en uno u otro activo.
Durante años, el livestream shopping (o las compras en tiempo real a través de una aplicación móvil) fue una excentricidad occidental y un pilar del e-commerce en China. Comprar en directo mientras un creador de contenidos presenta productos, responde preguntas y cierra ventas en tiempo real era allí algo cotidiano. En EE. UU. (y por extensión en Europa), no.
Pero eso ha empezado a cambiar. El principal acelerador vuelve a ser TikTok. En China, el live commerce representa una parte dominante del comercio online, con plataformas como Taobao Live o Douyin moviendo cientos de miles de millones. En Estados Unidos, en cambio, hoy apenas supone en torno al 5 % del e-commerce, pero con una tasa de crecimiento anual estimada superior al 30 %. Es pequeño… pero crece rápido. El punto de inflexión está siendo TikTok Live y TikTok Shop.
Cada vez más pequeños negocios y creadores están usando el directo como canal principal de ventas, no como marketing. El formato funciona porque combina entretenimiento, confianza (ves al vendedor en tiempo real) y compra inmediata, sin salir de la aplicación.
TikTok no publica cifras oficiales, pero Bloomberg estima que TikTok Live podría generar 77.000 millones de dólares a nivel global en 2027. Para ponerlo en contexto inversor: esa cifra sería comparable a crear, dentro de una red social, un vendedor global de gran tamaño… sin tiendas físicas.
En China, algunas marcas llegan a generar más del 40 % de sus ventas online vía directo (livestream). Cuando el formato madura, no sustituye al comercio electrónico: lo canibaliza. En Occidente aún estamos muy lejos de ese nivel de penetración, lo que apunta a una curva de adopción temprana, no a un techo. La clave no es solo el volumen, sino el cambio de hábito, pasamos de buscar productos a comprarlos cuando alguien nos los enseña en directo. Para el inversor, la señal es aún más interesante: las plataformas que controlan la atención están empezando a capturar también la transacción. El comercio se vuelve más social, más impulsivo e integrado.
China marcó el camino. TikTok lo está exportando. Y el mercado todavía no lo está valorando como lo que realmente es.
He conocido a Martín. Fue en Málaga hace una semana y me regaló su libro. Me tiene fascinado. Tiene 12 años… y una claridad sobre el dinero que ya querrían muchos adultos.
En un mundo donde a menudo se confunde invertir con apostar y ganar dinero con aparentarlo, encontrarte con un niño que habla de ahorro, decisiones, criterio y largo plazo resulta, sinceramente, refrescante.
Martín hace preguntas. Observa a sus padres y piensa.
Y desde esa mirada curiosa y honesta ha nacido el libro que te recomiendo esta semana. Es una historia sencilla, práctica y muy bien enfocada, pensada para que niños y familias empiecen a hablar de dinero sin miedo, sin tabúes y sin falsas promesas.
Creo firmemente que la educación financiera no consiste en enseñar a ganar dinero rápido, sino en aprender a no cometer errores graves, a diferenciar entre querer y necesitar, y a tomar decisiones con sentido desde pequeños.
Por eso recomiendo este libro para niños escrito por un niño, porque si conseguimos que las nuevas generaciones entiendan el dinero mejor que nosotros, habremos dado un paso enorme. Está autoeditado y puedes encontrarlo en Amazon.
Gracias Martín.

Esta newsletter es un paso más de un camino que comencé hace años con la intención de poner algo de luz a muchas informaciones sesgadas o poco éticas sobre lo que sucedía en el mundo de la inversión. Hoy sigo con la misma idea, creo que si lo que define al mercado es el conjunto de lo que hacemos todos los inversores juntos, necesitamos hacer esto con responsabilidad, conocimiento y la información más rigurosa. Espero que en The Trader, te sientas identificado.
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