The trader nº 133
La interpretación inteligente del mercado
La interpretación inteligente del mercado

Bienvenido a mi visión personal sobre la actualidad de los mercados financieros nº133. Gracias por tu interés, si te has perdido alguna entrega o aún no estás suscrito puedes revisar aquí
Europa lleva años evitando decir en voz alta lo que ya se ve en cada rincón del continente: el modelo social que definió a la región durante décadas está entrando en una fase terminal. Lo vemos en gobiernos que se tambalean, economías incapaces de crecer, tensiones demográficas imposibles de sostener y partidos antisistemas que capitalizan el malestar ciudadano. Y lo más inquietante es que no hablamos de episodios aislados, sino de señales repetidas desde Londres hasta Berlín, desde Helsinki hasta París y, cómo no, también desde Madrid.
En el Reino Unido, el retraso de las elecciones para cuatro nuevas alcaldías ha abierto una nueva grieta política que refleja un país desbordado por tensiones sociales y fiscales. El Gobierno de Starmer justificó la decisión hablando de reorganización administrativa, pero la oposición lo interpretó como un intento de retrasar una derrota anunciada. Cuando partidos de todo el arco político, desde conservadores hasta liberales, verdes y Reform UK, coinciden en acusar al Ejecutivo de “democracia denegada”, no estamos ante una disputa procedimental, sino ante un síntoma de descomposición institucional. Un Estado que ya no logra financiar servicios básicos sin subir impuestos, que externaliza problemas hacia los gobiernos locales y que ahora aplaza elecciones para ganar tiempo, es un Estado que muestra claros signos de agotamiento.
En Alemania el cuadro es todavía más explícito. El gobierno de Friedrich Merz, que apenas lleva siete meses, se enfrenta a una rebelión interna por la reforma de pensiones. Un grupo de diputados jóvenes de su propio partido se niega a apoyar un sistema que, según ellos, carga demasiado peso sobre generaciones futuras que pagarán prestaciones que probablemente nunca recibirán. La coalición se sostiene por solo doce escaños; si esta reforma fracasa, puede caer entero el gobierno. Mientras tanto, el país vive una parálisis económica que la industria ya describe como “caída libre”, con un modelo que exige cada vez más gasto público para sostener el bienestar, la defensa, la transición energética y la reconstrucción de infraestructuras. Es el choque frontal entre un Estado social diseñado para una sociedad joven, rica y en expansión, y una realidad envejecida, endeudada y sin crecimiento.
Finlandia ofrece otra perspectiva: incluso el país más admirado por su calidad de vida reconoce que el modelo ya no es sostenible tal como está. La llamada “superpotencia del estilo de vida” atraviesa una recesión, un desempleo cercano al 10% y un deterioro de sus finanzas públicas que obliga a replantearlo todo. El gobernador Olli Rehn advirtió que Europa debe “ponerse las pilas” en defensa, productividad y energía, porque la era del bienestar garantizado está tocando fin. Finlandia lo afronta con una mezcla de pragmatismo y resiliencia: reformas del mercado laboral, ajustes fiscales, e inversión en capital humano. El mensaje es inequívoco: si la productividad no crece, el bienestar dejará de ser financiable.
Francia vive un proceso parecido, aunque más ruidoso. Los últimos años han sido una secuencia continua de protestas contra la reforma de las pensiones, huelgas en sectores clave y un malestar social que recuerda que el modelo francés depende de una estructura fiscal cada vez más pesada sobre una base laboral cada vez más pequeña. El Gobierno ya ha reconocido que la jubilación a los 62 años era incompatible con la demografía actual, y aun así el ajuste no detendrá el desequilibrio durante mucho tiempo. Con un déficit crónico, un Estado hipertrofiado y un gasto social que supera el 30% del PIB, Francia se acerca al mismo dilema que sus vecinos: prometer más de lo que la economía puede producir.
España no es una excepción. El Gobierno intenta sostener un gasto público que crece bastante más rápido que la economía. El PIB aparenta dinamismo, pero en gran parte por el aumento de población inmigrante; cuando se mira la renta per cápita, España se aleja de la media europea, lo que significa que ese crecimiento no mejora el bolsillo del ciudadano. A esta brecha se suma una carga fiscal muy elevada y una productividad estancada que limita cualquier avance real. La Seguridad Social mantiene déficits crecientes, las pensiones suben cada año por la indexación a la inflación y la demografía juega claramente en contra. Con un envejecimiento rápido, un paro estructural persistente y una economía incapaz de generar suficiente valor añadido, España está atrapada en la misma lógica que el resto del continente: un Estado del bienestar que promete más de lo que la economía puede sostener y que necesita endeudarse de forma continua para mantener la apariencia de estabilidad.
La conclusión es clara. Europa no atraviesa una crisis política pasajera, sino la fractura de su pacto social. El bienestar que sostuvo al continente durante décadas exige un crecimiento que ya no existe, una demografía que ya no acompaña y un consenso político que se está desmoronando. Reino Unido aplaza elecciones; Alemania no puede garantizar sus pensiones sin poner en riesgo su propia gobernabilidad; Finlandia reconoce que la comodidad del pasado se desvanece; Francia estalla cada vez que se intenta ajustar el sistema; y España sostiene un modelo de bienestar con ciudadanos cada vez más pobres, una presión fiscal asfixiante y un endeudamiento que no deja de crecer. Todo indica que hemos llegado al límite de un modelo diseñado para un mundo que ya no existe. Y la verdadera pregunta no es si será reformado, sino cuánto tiempo más podrá evitar su inevitable reinvención.
| Cierre Semanal | Cierre Anual | Precio actual | Últimos 5 días | En el año | |
|---|---|---|---|---|---|
| S&P500 | 6870,40 | 5881.94 | 6886,68 | 0,24% | 17,09% |
| Nasdaq100 | 25692,05 | 21017.27 | 25776,44 | 0,33% | 22,67% |
| Eurostoxx50 | 5723,93 | 4917.88 | 5709,30 | -0,26% | 16,09% |
| Ibex35 | 16688,50 | 11595 | 16736,70 | 0,29% | 44,34% |
| Oro | 4243,00 | 2641 | 4245,20 | 0,05% | 60,74% |
| Brent | 63,39 | 74.64 | 61,19 | -3,47% | -18,02% |
| Natgas | 5,29 | 3.10 | 3,64 | -31,19% | 17,42% |
| SSE | 3902,81 | 3351.76 | 3873,32 | -0,76% | 15,56% |
| Bitcoin | 90398,45 | 93507.86 | 90199,70 | -0,22% | -3,54% |
*Cierre semanal: 4 de diciembre del 2025 a las 10:31
*Cierre anual: Último dato del 31 de diciembre del 2024
*Cierre anual de Eurostoxx: 30 de diciembre del 2024
*Precio Actual: 11 de diciembre del 2025 a las 10:00
Por qué el tesoro de EE. UU. ha hecho el mayor “buyback” de deuda de la historia
El Tesoro estadounidense sorprendió al mercado con la mayor recompra de deuda (“buyback”) de su historia: 12.500 millones de dólares en una sola operación. A primera vista puede parecer una maniobra destinada a reducir la deuda, pero no es eso lo que está ocurriendo. Esta operación forma parte del nuevo programa de “buybacks” que el Tesoro reactivó este año con un objetivo muy distinto: estabilizar el mercado de bonos más importante del mundo en un momento de tensiones crecientes.
La lógica detrás del movimiento es clara. Muchos bonos antiguos, los llamados “off-the-run”, se negocian con poca liquidez y generan distorsiones en la curva de tipos. Al recomprarlos, el Tesoro intenta “limpiar” esos tramos del mercado y reemplazarlos posteriormente con emisiones nuevas, más líquidas y fáciles de negociar. No es expansión monetaria, no es QE y no supone una reducción real de deuda: simplemente es una gestión más fina del inventario de bonos del Tesoro.
Fuente: @barchart
Pero el mensaje implícito es más relevante que la cifra. En un entorno de déficits gigantescos, un volumen récord de emisiones y un mercado cada vez más sensible a cualquier sobresalto, el Tesoro está actuando para evitar episodios de tensión como los que ya vivimos en 2020 y 2023. Que se haya necesitado la mayor recompra de la historia no es casualidad: refleja el grado de estrés estructural que existe en un mercado que sirve como columna vertebral del sistema financiero global.
El impacto inmediato es técnico: algo más de liquidez, spreads más ajustados y menos ruido en los bonos ilíquidos. Pero el impacto estratégico es político y financiero: el Tesoro reconoce que la arquitectura del mercado necesita apoyo y que la acumulación de deuda está obligando a intervenir más activamente para mantener la estabilidad. Es un recordatorio de que, aunque la narrativa oficial se centra en la normalidad, debajo sigue creciendo las fragilidades que obligan a vigilar cada movimiento.
En un año en el que los tipos a largo plazo se mantienen altos, los déficits siguen descontrolados y la emisión neta de deuda no deja de crecer, esta operación no cambia la tendencia de fondo, pero nos advierte del estado real del mercado, algo que tiende a pasar desapercibido para el inversor común.
La FED baja los tipos de interés de nuevo y confía en que lo peor ha pasado
La Reserva Federal recortó los tipos de interés en 0,25 puntos, un movimiento que el mercado ya daba por hecho. Lo relevante no fue el gesto, sino el mensaje que lo acompañó. El banco central proyecta ahora un escenario macro más optimista: espera que el crecimiento económico repunte en 2026 hasta el 2,3%, frente al 1,8% estimado anteriormente.
Y, pese a las grietas visibles en el mercado laboral, la Fed confía en que la tasa de desempleo tocará techo en 2025 y se irá corrigiendo gradualmente desde ese punto. También mejora su visión sobre la inflación: consideran que el impacto de los aranceles sobre los bienes ha sido un episodio aislado (un one off) y no el inicio de un proceso de retroalimentación al alza. De hecho, prevén que desde el 2,9% actual, la inflación retroceda al 2,4% el próximo año y vuelva a acercarse al objetivo, en torno al 2,1%, hacia 2027.
A este giro optimista se suma otro anuncio importante: la Fed empezará a comprar deuda pública de corto plazo para asegurar niveles de liquidez amplios y mantener el control sobre los tipos del mercado monetario. Estas compras arrancan el 12 de diciembre con una primera ronda de 40.000 millones de dólares. Powell insiste en que no es política monetaria encubierta, sino gestión técnica de reservas, pero el mercado lo interpreta (inevitablemente) como un paso hacia condiciones financieras más laxas.
Sin embargo, el gran problema sigue estando en la parte larga de la curva. Los tipos oficiales bajan, pero las rentabilidades de los bonos a largo plazo apenas ceden. Y eso importa: son esos tipos (no el “tipo de la Fed”) los que marcan el coste de las hipotecas, la financiación empresarial y el precio del capital para cualquier inversor.
Hay dos factores que explican esta resistencia:
1. El Tesoro de EE. UU. quiere reducir la duración de sus emisiones.
Más papel a corto plazo implica menor presión directa en la parte larga, pero también obliga a una refinanciación más frecuente en un entorno volátil. El mercado lo interpreta como una señal de estrés: si el Tesoro acorta plazos, los inversores exigen mayor compensación en el tramo largo para cubrir riesgo fiscal y político.
2. La prima de riesgo sigue alta por dudas sobre la independencia de la Fed.
Cada vez más inversores temen que la institución pierda autonomía a partir de mayo de 2026, cuando Trump prevé sustituir a Jerome Powell por un presidente escogido directamente por él. El favorito es Kevin Hassett. Si el banco central pasa a ser percibido como un instrumento político, el mensaje es claro para los compradores de bonos: más riesgo, más rendimiento exigido.
Es esta mezcla (la incertidumbre política, la presión fiscal y el ruido geopolítico) la que hoy dicta el comportamiento de los bonos largos. Y mientras esos rendimientos no bajen, el crédito no se abaratará. Por eso, aunque la Fed recorte tipos, el impulso real a la economía depende de algo más profundo: la credibilidad. Para que la financiación se abarate de verdad, el mercado tendría que confiar en que la Reserva Federal puede (y quiere) mantener bajo control el ciclo económico sin interferencias. Eso es lo que, en ciclos anteriores, abrió la puerta al “quantitative easing”. Hoy, con la inflación aún cerca del 3%, esa vía es mucho más difícil de justificar.
La gran incógnita es qué pesará más en 2026: el interés político o la estabilidad financiera. De esa respuesta dependerán el dólar, la pendiente de la curva y el riesgo global durante los próximos años.
La contradicción energética de Trump en torno a la inteligencia artificial
La nueva Casa Blanca insiste en que quiere convertir a Estados Unidos en la superpotencia absoluta de la inteligencia artificial. Para Trump, la IA es un asunto de seguridad nacional y un motor económico capaz de redefinir el futuro del país. Por eso está acelerando la construcción de centros de datos a una velocidad nunca vista. Pero, al mismo tiempo, su administración está levantando muros contra las energías renovables, atacando la solar y la eólica con la misma intensidad con la que defiende el gas, el carbón y la nuclear.
El problema es que ambas cosas no pueden coexistir. El sueño de dominar la IA requiere cantidades gigantescas de electricidad (más que cualquier tecnología anterior), y los datos muestran que la forma más rápida, más barata y escalable de producir toda esa energía no es el gas ni la nuclear, sino precisamente las renovables a las que Trump desprecia. La paradoja es evidente: quiere liderar el futuro mientras dinamita el único camino que permite alcanzarlo a tiempo.
El crecimiento del consumo eléctrico es brutal. El despliegue masivo de modelos de IA, la expansión de los grandes centros de datos y la electrificación industrial están empujando la demanda a niveles que equivalen a alimentar cientos de millones de nuevos hogares en apenas una década. Y la respuesta del sector energético es unánime: si Estados Unidos quiere tener suficiente electricidad entre 2025 y 2035, necesita construir solares, eólicas y baterías a un ritmo acelerado. Ninguna otra tecnología llega a tiempo. Ni el gas, que sufre escasez de turbinas y retrasos de suministro. Ni la nuclear, cuyos pequeños reactores modulares no estarán disponibles hasta finales de la década, como mínimo. Ni el carbón, totalmente fuera de mercado por coste y tiempos de construcción. El siguiente gráfico muestra la previsión de capacidad añadida acumulada necesaria durante la próxima década.
Fuente: Wood Mackenzie
Sin embargo, casi todos los proyectos renovables de gran escala están siendo bloqueados, ralentizados o revisados por la administración Trump, que ha convertido la política energética en una guerra ideológica. Mientras tanto, en la trastienda, las grandes tecnológicas están haciendo lo contrario: Meta, Amazon, Google y Microsoft están firmando contratos masivos para asegurar energía limpia durante los próximos años, porque saben que sin ella sus centros de datos no podrán funcionar. Solo en el primer semestre de 2025 contrataron 9,6 gigavatios de energía renovable, suficientes para abastecer a más de siete millones de hogares.
La contradicción es total: Trump promete liderar la revolución tecnológica, pero sus decisiones energéticas están poniendo en riesgo la única vía realista para sostenerla. Defender el gas y la nuclear le permite alimentar el discurso político, pero no la infraestructura necesaria para que la IA sea viable. Y mientras la Casa Blanca se dedica a denunciar la “agenda verde” de su antecesor, el propio mercado le recuerda que la física, los costes y los plazos no entienden de ideología: la electricidad limpia no es una opción estética, es un requisito técnico.
La ironía es que para cumplir la ambición de “Make America Great Again” en el terreno de la IA, Trump tendrá que apoyarse exactamente en aquello que más crítica: las renovables. La política puede desafiar la coherencia, pero la tecnología no perdona. Y en esta carrera, negar la realidad energética es una forma muy eficiente de garantizar la derrota.
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El principio del fin de la alianza occidental
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca marca un giro que ningún aliado puede ignorar. Por primera vez desde 1947, Estados Unidos deja de ver la defensa de la democracia en el exterior como un interés estratégico propio. La ruptura con la lógica que definió el orden occidental durante ocho décadas ya no es una hipótesis: es política oficial.
El documento abandona cualquier continuidad con la Doctrina Truman y redefine la idea de “America First”. Trump sostiene que la política exterior de Estados Unidos no debe basarse en ideologías ni compromisos históricos, sino en lo que “funcione para América”. Y lo que supuestamente funciona ahora es suavizar el trato hacia autocracias estratégicas (China, Rusia, Irán) mientras se endurece el discurso contra los aliados europeos. Un giro tan brusco que ni siquiera los analistas más pesimistas esperaban verlo formalizado tan pronto.
El contraste con la estrategia de 2017 no puede ser mayor. China ya no aparece como rival sistémico ni como amenaza global. Trump prefiere hablar de “relación económica mutuamente ventajosa” y, mientras exige que Pekín no invada Taiwán, evita cualquier referencia a sus vulneraciones de derechos o a su expansión geopolítica. Rusia, por su parte, desaparece de la categoría de adversario. El Kremlin incluso aplaudió el documento, calificándolo de “positivo” y “coherente con la visión de Moscú”. Es difícil encontrar un indicador más claro del cambio de prioridades en Washington.
Quienes sí reciben el golpe son los europeos. El texto acusa a la Unión Europea de haber abandonado sus valores, de perder identidad nacional y de permitir que la inmigración y la baja natalidad erosionen su cohesión. Afirma además que los gobiernos europeos recurren a prácticas “antidemocráticas”, desde la supuesta censura hasta la represión de la oposición. Y lo que antes parecía una provocación aislada del vicepresidente JD Vance en Múnich ahora queda reflejado como política formal: Estados Unidos apoyará movimientos “patrióticos” dentro de los países europeos para corregir esa deriva. En otras palabras, interferencia política directa en su bloque de aliados históricos.
La reacción en Europa oscila entre el desconcierto y la contención diplomática. La jefa de la diplomacia europea intenta restar dramatismo al documento, mientras figuras experimentadas como Carl Bildt advierten de lo que realmente implica: el fin del paraguas ideológico y estratégico que definió la relación transatlántica desde la posguerra. Y el problema para Europa no es solo simbólico. Si la Casa Blanca presiona para imponer un acuerdo de paz desfavorable a Ucrania, la fractura dentro del bloque occidental puede convertirse en la mayor crisis geopolítica de la década.
La pregunta que atraviesa todas las capitales europeas es la misma: ¿qué hacer ahora? Europa puede intentar rebajar tensiones, aceptar el nuevo orden y acomodarse a un papel más subordinado. O puede acelerar, por fin, la construcción de una autonomía real en defensa, energía y tecnología. Pero ninguna de esas opciones es sencilla ni barata, y ninguna puede esperar.
Lo único claro es que el ciclo histórico que comenzó en 1945 ha terminado. A partir de aquí, Europa tendrá que decidir si quiere ser actor o si, por inacción, quedará relegada a ser un escenario donde otros tomen las decisiones. El rumbo de la próxima década dependerá de esa elección.
Invertir en mercados emergentes puede parecer arriesgado, pero con criterio y experiencia puede aportar un gran valor a una cartera diversificada. Estas economías ofrecen oportunidades reales, aunque también implican riesgos que conviene conocer antes de tomar decisiones. Te explico cómo hacerlo en este artículo.
Contábamos que iba a pasar hace unos meses y ya tenemos el primer ejemplo, esta semana se ha producido un cambio importante en el comercio digital: Instacart se acaba de convertirse en el primer minorista que permite hacer toda la compra de comida sin salir de ChatGPT. ¿Cómo funciona? Muy simple: Le dices a ChatGPT qué receta quieres hacer o qué ingredientes necesitas, el modelo busca los productos correctos en Instacart, monta el carrito, pagas dentro del propio chat e Instacart envía tu pedido para entrega.
Todo ocurre en una sola conversación. Sin apps, sin webs, sin cambiar de pantalla. Una operación sencilla que cambia cómo hasta ahora íbamos al punto de venta, este ya no está en la web del supermercado: está en la conversación con la IA.
Esto tiene varias consecuencias:
La nueva era del comercio electrónico ya está aquí y OpenAI está trabajando con Walmart, Target, PayPal y otros para avanzar en ella. Instacart es solo el primer ejemplo visible. Si esta experiencia se vuelve habitual, veremos una nueva forma de comprar: hablamos, elegimos y pagamos en el mismo flujo. Lo que para el usuario puede ser máxima comodidad para los comerciantes y marcas presenta nuevos retos de visibilidad, competencia y marketing que puede redefinir por completo cómo descubrimos y compramos productos online.
Este modelo crea oportunidades, pero también desafíos:
Si esta dinámica se consolida, veremos una transformación profunda en cómo descubrimos productos, cómo tomamos decisiones de compra y en quién controla realmente el acceso al cliente. Un cambio de paradigma que definirá empresas y, también, sus cotizaciones en bolsa.
En un momento en el que la volatilidad exterior (económica, laboral, emocional) nos obliga a mirar hacia dentro, Excelencia interior se ha convertido en uno de los manuales de referencia para entrenar la mente como si fuera un músculo estratégico. Jim Murphy, exjugador profesional y coach de deportistas de élite, parte de una idea sencilla, pero poderosa: el camino hacia el máximo rendimiento y el camino hacia una buena vida son exactamente el mismo y pueden conseguirse con un plan que enseñe a:
• Aprender a soltar lo que no puedes controlar y centrar tu energía en lo que sí depende de ti.
• Construir autocontrol y presencia, dos armas críticas para evitar decisiones impulsivas o dominadas por el ruido.
• Reprogramar la mente subconsciente, desmontando creencias que actúan como límites invisibles.
• Desarrollar rutinas que reducen la ansiedad y permiten rendir cuando más importa.
Lo interesante del enfoque de Murphy es su aplicación transversal, funciona en la final de la NFL, en una reunión clave, en una negociación, en la gestión del riesgo financiero o en el día a día personal.
Es un método práctico, repleto de ejercicios, que obliga a mirar hacia dentro con honestidad y que alinea disciplina mental, propósito y resultados. En un entorno donde la incertidumbre seguirá siendo la norma, Excelencia interior es una invitación a fortalecer el único activo que siempre viaja con nosotros: la mente. Está editado por Conecta.
Esta newsletter es un paso más de un camino que comencé hace años con la intención de poner algo de luz a muchas informaciones sesgadas o poco éticas sobre lo que sucedía en el mundo de la inversión. Hoy sigo con la misma idea, creo que si lo que define al mercado es el conjunto de lo que hacemos todos los inversores juntos, necesitamos hacer esto con responsabilidad, conocimiento y la información más rigurosa. Espero que en The Trader, te sientas identificado.
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