Durante los últimos años, he visto cómo muchos inversores, algunos con bastante experiencia en los mercados tradicionales, han cometido errores básicos al adentrarse en el mundo cripto. No por falta de conocimientos financieros, sino por confiar en exceso en plataformas poco seguras o no tomarse en serio la gestión de sus claves privadas. Cuando hablamos de criptomonedas, el control total conlleva también toda la responsabilidad. Y, a diferencia de los bancos, aquí no hay nadie a quien reclamar si algo sale mal.
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